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Jue, Feb

Las Urbes más antiguas del mundo: Ciudades eternas

Foto: Cortesía

Cultura

Conoce cuáles son las ciudades antiguas del mundo, sus orígenes, sus mitos y las huellas que han dejado a través del tiempo.

Miles de años han contemplado a las ciudades antiguas, y aunque sus orígenes son tan remotos que se diluyen en las brumas del mito, siguen en pie en el siglo XXI, impasibles ante el reloj de los siglos.

¿Qué son las ciudades?

Las ciudades son elementos extremadamente vulnerables al paso del tiempo:

Guerras, despoblaciones, epidemias, inundaciones, desertización… múltiples son los factores que amenazan su supervivencia, y muchas, algunas formidables, las que se diluyeron en las brumas de la historia desapareciendo por completo sin dejar apenas rastro.

Babilonia, Troya, Cartago, Mesa Verde, Calakmul, Palenque, Petra o Pompeya, por distintas razones, y a pesar de ser centros de enorme importancia política, económica y cultural, no superaron el filtro implacable de los siglos.

Otras, por el contrario, se han mantenido obstinadas en pie, a pesar de mil y un avatares, resistiendo toda clase de calamidades, asedios, destrucción y conquista.

Algunas de ellas sobrevivieron a la civilización que las creó readaptándose; emergiendo desde las cenizas y los escombros; enriqueciéndose, a pesar de los golpes, con el ADN de múltiples pueblos que dejaron huella en sus muros y avenidas.

¿Cuáles son las ciudades más antiguas del mundo?Ciudades antiguas: Jerusalén, la ciudad de las tres religiones

Es difícil establecer con certeza cuándo Jerusalén se consolidó como una ciudad, como algo más que un asentamiento humano más o menos informal.

Según la tradición, Jerusalén fue fundada por dos antepasados de Abraham, Sem y Eber, y hay cerámicas que apuntan a una fecha tan temprana como el IV milenio a. C. para rastrear la presencia de los primeros pobladores de dicho asentamiento.

Pero no será sino hasta los comienzos de la Edad del Bronce, en torno al año 3000 a. C., que se documentan vestigios de una presencia continuada y estable que delatan la génesis de Jerusalén como ciudad.

A comienzos del segundo milenio a. C. estaba ya rodeada de un recinto amurallado, y son precisamente contemporáneas a este periodo las primeras referencias a la ciudad en las fuentes literarias, concretamente en los textos de execración y en las Cartas de Amarna, donde emerge la imagen de una ciudad ya consolidada, Urusalem, la ciudad de la paz.

Ciudades antiguas

Ciudad que alcanzó su cenit de esplendor durante el reinado de Salomón y, entre otras suntuosas edificaciones, dejó como legado el Templo de Jerusalén, epicentro cultural del mundo hebreo desde entonces.

A comienzos del primer milenio a. C. se convierte en la capital del reino de Judá, aunque en siglos sucesivos habría de padecer largos periodos de dominación extranjera: asiria, babilonia, persa, seleúicida y romana.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, Jerusalén se convirtió en una de las cuatro sedes orientales de la Pentarquía, las sedes episcopales más importantes del mundo cristiano, y tras un paréntesis breve de dominación sasánida, la urbe cayó en manos de los árabes en el 638.

Caída de la ciudad de Jerusalén

Convertida en campo de batalla entre cruzados y musulmanes, fue epicentro del Reino de Jerusalén, fundado por Godofredo de Bouillon en 1099, pero tras la conquista de la ciudad por parte de Saladino, y salvo breves paréntesis, ya no volvería a manos cristianas.

Tras los siglos de dominación otomana (conquistaron la ciudad en 1517) y el periodo de presencia británica, la ciudad volvió a convertirse en campo de batalla entre los flujos de inmigrantes judíos y la población civil árabe.

En 1949 la balanza se equilibró definitivamente del lado de los primeros cuando David Ben-Gurion, primer ministro israelí, hizo oficial la elección de Jerusalén como capital del Estado de Israel.

Ciudades antiguas: Tiro, la abuela del Mediterráneo

De entre las ciudades fenicias de la costa oriental del Mediterráneo ninguna llegó tan lejos como Tiro, cuya ‘semilla’ se expandió por toda su cuenca a través de mercaderes y colonos, quienes establecieron ciudades en los rincones más remotos del Mare Nostrum, algunas tan importantes como Cartago o Cádiz.

Formada por dos asentamientos situados en la costa y en una pequeña isla frente a ésta, fue fundada, según las fuentes, en el tercer milenio a. C., y aunque rivalizó por la hegemonía en el Mediterráneo con otras ciudades vecinas como Sidón, Biblos o Beirut, su esplendor no fue nunca igualado.

Tiro fue la reina indiscutida del comercio marítimo durante siglos, pero fue especialmente a partir de comienzos del siglo X a. C., bajo el liderazgo de monarcas de gran calado como Hiram I o Ittobaal, que la ciudad comenzó a organizar expediciones marítimas de larga distancia, llevando al límite su expansión territorial y la extensión de sus redes comerciales.

Caída de la ciudad de Tiro

Sin embargo a partir del siglo VI a. C. comenzó a perder posiciones de manera paulatina, especialmente frente a la eterna rival, Sidón, y su historia estuvo a punto de llegar a un abrupto final cuando en el año 332 a. C.

Alejandro Magno la tomó por asalto después de un asedio dramático de seis meses que se saldó con 2,000 crucifixiones y la venta de 30,000 de sus habitantes como esclavos.

Finalmente se repuso, repoblada con colonos procedentes de la región de Caria. Sus tiempos de esplendor como ciudad-Estado independiente eran ya, con todo, cosa del pasado.

No obstante, siguió siendo una ciudad importante como parte integrante del Imperio seleúcida y el Imperio romano y, ya a partir del siglo XVI, del Imperio otomano, al que perteneció hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando pasó a formar parte de un nuevo Estado, Líbano, en 1920.

Tras décadas extremadamente convulsas y con las heridas de la Guerra del Líbano y el enfrentamiento entre Israel y la OLP aún abiertas, Tiro, otra joya del litoral fenicio, aloja en la actualidad una población de unos 41,000 habitantes.

Ciudades antiguas: Varanasi, La más sagrada

De ella dijo Mark Twain que era más vieja que la propia historia, que la tradición e incluso que la leyenda. Y es que hay pocas ciudades en el mundo que rivalicen con la inabarcable antigüedad de Varanasi.

Las primeras evidencias arqueológicas de presencia humana datan en torno al año 1200 a. C., aunque hay indicios de que la ciudad estaba habitada ya a finales del cuarto milenio a. C.

Según la mitología hindú fue el propio dios Shiva el fundador de la milenaria urbe, y pronto se convirtió en la ciudad más sagrada de India.

Centro de peregrinación de hinduistas, budistas y jainitas, Varanasi es una de las siete ciudades sacras del país y además el lugar en el que todos los creyentes hiinduistas acuden en busca del último descanso, liberándose así del ciclo de reencarnaciones y alcanzando la iluminación.

Dicen las crónicas que fue en esta ciudad donde en el año 528 a. C. Gautama Buda pronunció su primer discurso, y fue así porque ya por aquel entonces Varanasi era un importantísimo centro ritual, cultural y comercial, posición que no perdió con el pasar de los siglos.

Sin rivales en el ámbito de la enseñanza y la difusión del conocimiento en disciplinas tan variadas como misticismo, yoga o sánscrito, convertida en cuna y centro de reunión de escritores, filósofos, artistas y músicos.

Caída de la ciudad antigua Varanasi

Con la conquista islámica la ciudad perdió buena parte de su pujanza coincidiendo con la destrucción de la mayoría de sus templos en favor de la nueva cultura predominante encarnada por la dinastía Mogol.

En el siglo XVI el emperador Akbar le devolvió en gran medida su viejo esplendor reconstruyendo viejos templos y abriéndolos de nuevo a la práctica del hinduismo. Pero fue un destello efímero.

Pronto Varanasi, ante la decadencia del poder mogol, derivó en un Estado independiente hasta que fue definitivamente engullida por el Imperio británico.

En la actualidad, con una población de casi un millón y medio de habitantes, sigue siendo uno de los principales centros de peregrinación del país.

Sin embargo, el desarrollo de la ciudad no discurre paralelo a su prestigio religioso y cultural pese a ser, aún ahora, uno de los grandes epicentros universitarios del país y uno de los principales focos del turismo.

Ciudades antiguas: Jericó, la primera fortificada

Ni las trompetas que, según la Biblia, derribaron sus espesas murallas, ni el tiempo, implacable devorador de ciudades, han podido borrar a Jericó del mapa.

Resiste en pie desde hace más de 10 milenios, presumiendo no sólo ser la urbe más vieja del mundo, sino también cuna y origen mismo de la civilización urbana.

De los 23 niveles de habitación descubiertos por las excavaciones arqueológicas ejecutadas en los años 50 del siglo pasado, Tell es-Sultan, a 258 metros bajo el nivel del mar, es el asentamiento humano más antiguo del que se tiene noticia.

Fue allí donde a finales del Mesolítico, hace 12,000 años, en el llamado periodo Natufiense, cazadores, recolectores iniciaron un proceso de sedentarización alrededor de la agricultura y la domesticación del ganado.

A comienzos del VIII milenio a. C. la ciudad fue fuertemente fortificada mediante una muralla cuyos restos constituyen el primer vestigio de arquitectura defensiva conocido hasta la fecha.

En el interior de la urbe se vertebraba una sociedad sorprendentemente compleja, donde se aprecian las primeras evidencias de jerarquización social, así como de una ideología religiosa y cultural plenamente desarrollada.

Durante la Edad del Bronce, el asentamiento cananeo ubicado sobre el recinto urbano original sufrió diferentes ataques, destrucciones y reconstrucciones, pero sobrevivió hasta el siglo VII a. C. en el transcurso de la Edad del Hierro, cuando Tell es-Sultan, aparentemente, fue abandonado de modo definitivo.

Pero Jericó floreció nuevamente en un nuevo asentamiento ubicado en las cercanías de la ciudad primitiva.

Especialmente turbulento para la ciudad ha sido su tránsito por el siglo XX, desde que, a raíz de la derrota del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial, la urbe fue absorbida por el Mandato Británico de Palestina.

Caída de la ciudad antigua de Jericó

Tras la Guerra Árabe-Israelí, a mediados de siglo, Jericó, actualmente con una población de alrededor de 20,000 habitantes, formó parte del Estado jordano hasta que en la Guerra de los Seis Días Israel ocupó militarmente la Franja de Gaza, hoy nominalmente bajo control de la Autoridad Nacional Palestina, pero ubicada en un territorio controlado directamente por el ejército israelí.

Jericó resiste en pie desde hace más de 10 milenios, presumiendo no sólo de ser la urbe más vieja del mundo, sino también cuna y origen mismo de la civilización urbana.

Ciudades antiguas: Beirut, el París de Medio Oriente

Los primeros vestigios de vida urbana del primitivo asentamiento cananeo en Beirut datan de comienzos del II milenio a. C., lo que confirma que se trata de una de las ciudades aún en pie más ‘ancianas’ del mundo.

Bien es cierto que las evidencias de presencia humana en la región son mucho más antiguas, remontándose incluso hasta el Paleolítico; pero más allá del testimonio arqueológico, Beirut no ‘entra’ en la historia sino hasta el siglo XIV a. C., cuando la ciudad es mencionada por vez primera en las fuentes, concretamente en tablillas cuneiformes procedentes de Tell el-Amarna.

Fue una próspera ciudad fenicia, si bien siempre estuvo a la sombra de otros enclaves levantinos hegemónicos, principalmente Tiro, Biblos y Sidón, hasta que a mediados del siglo II a. C. fue destruida por el rey seleúcida Diodoto Trifón.

Renació de sus cenizas para encarar una segunda edad de oro dentro de los esquemas de una rigurosa planificación helenística especialmente desde el momento en que entra a formar parte del Imperio romano, iniciando una época de bonanza y gran prestigio como una de las ciudades más importantes del Imperio.

Caída de la ciudad antigua de Beirut

La suerte de la ciudad no cambió hasta el año 551, cuando un catastrófico sismo redujo la ciudad prácticamente a escombros.

Ya en la Alta Edad Media, Beirut fue permanente campo de batalla entre árabes y cruzados, y después de dos siglos y medio de hegemonía mameluca, a comienzos del siglo XVI la ciudad entró finalmente en la órbita del Imperio otomano, en la que permanecería hasta el siglo XX.

Las injerencias occidentales durante las dos guerras mundiales, la devastadora Guerra Civil Libanesa, que se prolongó durante 15 años, entre 1975- 1990, y los ataques y bombardeos israelíes, han hecho mucha mella en una ciudad que, con todo, resiste impertérrita el paso del tiempo, y cuenta en la actualidad con una población estimada de unos 360,000 habitantes.

Ciudades antiguas: Susa, primera capital imperial del mundo

Con una población de poco más de 50,000 habitantes, Susa es hoy apenas una difuminada sombra de lo que fue.

Nada queda del viejo esplendor en esta modesta ciudad iraní que, no obstante, es uno de los centros urbanos más antiguos no sólo de la región sino del planeta.

La presencia humana en la urbe está documentada desde el 5000 a. C., si bien no es hasta un milenio después que se identifican los restos de lo que pueden considerarse los primitivos cimientos de la Susa original.

Durante el cuarto milenio, Susa era ya un centro político de gran importancia, capital del reino de Elam, una de las grandes potencias de la Mesopotamia del periodo de Uruk, rivalizando con sumerios y acadios por la hegemonía política y militar.

Será bajo el liderazgo de las dinastías Igehalkida y Shutrukida, a mediados del segundo milenio a. C. cuando la ciudad vivirá su momento de máximo esplendor, como epicentro de un imperio que alcanzaba su más amplio radio de expansión territorial en estas décadas.

Caída de la ciudad de Susa

En el año 645 a. C. la ciudad fue destruida por primera vez a manos del monarca asirio Asurbanipal, pero a pesar de todo Susa logró resurgir de sus cenizas para, a partir del siglo VI a. C., convertirse en una de las ciudades más importantes del Imperio persa de la dinastía Aqueménida, convertida en una de las urbes predilectas de Darío el Grande, quien hizo de Susa uno de los centros neurálgicos de su imperio.

Pero éste cayó en manos de Alejandro Magno en la segunda mitad del siglo IV a. C., y aunque Susa siguió jugando un papel relevante, perdió importancia en los siglos sucesivos, bajo dominio seleúcida, sasánida y árabe.

La ciudad sufriría dos nuevas destrucciones en los años 638 y 1218 a manos de árabes y mongoles respectivamente, y sobrevivió a duras penas, reducida a un asentamiento de muy escasa relevancia desde el siglo XV, cuando buena parte de su población emigró a ciudades próximas.

Ciudades antiguas: Cádiz, la ciudad de la luz

Ninguna ciudad ha visto tantos amaneceres atlánticos como Cádiz, a la que contemplan casi tres largos milenios.

Frontera natural entre dos mundos, entre la inmensidad del Atlántico y la autopista comercial más antigua del mundo, el Mediterráneo, sus orillas son el testimonio vivo de un encuentro feliz entre Oriente y Occidente, de un mestizaje cultural de múltiples matices.

La tradición dice que la ciudad fue fundada por fenicios de Tiro 80 años después de la caída de Troya, es decir, en el año 1104 a. C., siguiendo, afirma Estrabón, las indicaciones de un oráculo.

Había, no obstante, una razón económica muy explícita: Gadir (nombre fenicio de la ciudad) se ubicaba en un territorio plagado de minas de plata, oro y estaño.

La ciudad prosperó, estratégicamente ubicada en un archipiélago, con África a la vista, jalonada, metafóricamente, por lo que los cronistas antiguos llaman las Columnas de Hércules, a saber, el Estrecho de Gibraltar.

Los restos arqueológicos más antiguos encontrados hasta la fecha datan del siglo IX a. C., y la ciudad ha seguido viva ininterrumpidamente desde entonces.

Caída de la ciudad de Cádiz

Con la caída del Imperio romano en el siglo III, llegó el lento e inexorable ocaso, coincidiendo con el colapso de las rutas comerciales, y cayó en manos de bizantinos, visigodos y árabes en 711.

En el siglo XIII fue incorporada definitivamente a la corona de Castilla y se convirtió en el puerto más importante de la ruta a América, recobrando el viejo esplendor.

En ella estaban instaladas la Casa de Contratación y la Flota de Indias, espina dorsal del monopolio del comercio con el Nuevo Mundo, razón por la cual fue objeto de ataque y asedio francés e inglés en el transcurso de los siglos XVIII y XIX.

Hoy en día la población de la vieja Gadir asciende a los 120,000 habitantes, aproximadamente.

Ciudades antiguas: Atenas, la madre de la cultura moderna

Cuna de la civilización occidental, en Atenas se hunden los cimientos de la política, la filosofía o el arte que moldearon la personalidad de Europa, y no sólo, hasta el día de hoy.

Desde lo alto de la imponente Acrópolis, el Partenón sigue erigiéndose, casi dos milenios y medio después, en símbolo y epítome de los valores de la cultura de Occidente, como faro visible de una ciudad que se cuenta entre las más antiguas de la península helénica.

Habitada ya desde el siglo XV a. C., Atenas fue un importante centro palacial en tiempos de la civilización micénica, que colapsó en el transcurso del siglo XII a. C. por causas no bien conocidas.

Caída de la ciudad de Atenas

Se ignora la suerte de la ciudad durante ese convulso periodo; en cualquier caso sobrevivió a la destrucción, a diferencia de otros muchos asentamientos micénicos.

Su privilegiada posición geográfica y su proximidad al mar hicieron de ella una urbe próspera, si bien no fue sino hasta finales del siglo VI, cuando Clístenes instauró un sistema democrático, y principios del V a. C., que Atenas se convirtió en una de las polis hegemónicas de la Hélade, en abierta rivalidad con Esparta.

Fortalecida por la victoria contra los persas en las Guerras Médicas, vivió su periodo de mayor esplendor coincidiendo con el liderazgo de Pericles, y aunque quedó muy debilitada tras décadas de conflicto sin cuartel con Esparta en la Guerra del Peloponeso, siguió siendo una de las polis más poderosas de Grecia hasta que en 338 a. C. sucumbió en la batalla de Queronea frente a las tropas macedonias de Filipo II, padre de Alejandro Magno, en el que fue el principio de su fin como ciudad autónoma, libre e influyente.

Desde entonces entró en una espiral de decadencia, acentuada a partir de la dominación otomana, que duró hasta la Guerra de la Independencia Griega (1821-1829), tras la cual el país recuperó su autonomía y Atenas se convirtió en la nueva capital.

Con una población de más de tres millones de habitantes, la ciudad se enfrenta hoy, como el resto del país, a una de las peores crisis económicas de su historia.

MUY INTERESANTE. 

 

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