La inteligencia artificial y el aprendizaje viven una relación cada vez más estrecha entre los estudiantes, pero los resultados de PISA 2025 abren una pregunta incómoda: ¿usar estas herramientas para hacer el trabajo mental podría terminar debilitando algunas capacidades?
Casi la mitad de los adolescentes de 15 años en países de la OCDE utiliza IA al menos una vez por semana para ayudarse a aprender. En México, la proporción es todavía mayor, con 47.4 por ciento. El problema aparece cuando los chatbots dejan de ser una herramienta de apoyo y comienzan a sustituir la lectura, la reflexión o la resolución de problemas.
Inteligencia artificial en el aprendizaje: el riesgo que plantea PISA 2025
Los resultados de PISA 2025, publicados el 8 de septiembre, muestran que el uso de herramientas como ChatGPT ya forma parte de la vida escolar de la mayoría de los estudiantes en los países participantes.
Solo 14 por ciento de los alumnos de la OCDE dijo no haber utilizado nunca, o casi nunca, inteligencia artificial con fines escolares. Entre quienes sí la utilizan, una de las prácticas más comunes es recurrir a ella para facilitar el aprendizaje.
Sin embargo, el informe establece una diferencia importante: utilizar IA como apoyo no necesariamente tiene el mismo efecto que dejar que haga el trabajo cognitivo del estudiante.
Casi la mitad de los estudiantes la usa cada semana
El 19 por ciento de los jóvenes de la OCDE señala que emplea IA diariamente o casi todos los días para ayudarse a aprender, mientras que otro 26 por ciento lo hace una o dos veces por semana.
En conjunto, 45 por ciento utiliza estas herramientas al menos semanalmente con ese propósito.
También se reporta su uso para realizar investigaciones preliminares, redactar borradores y resumir lecturas obligatorias. Precisamente este último tipo de práctica despierta especial atención porque puede reducir el contacto directo del alumno con textos que debería analizar por cuenta propia.
El problema aparece cuando la IA sustituye el esfuerzo mental
PISA 2025 advierte que los estudiantes que utilizan chatbots para determinadas tareas, como resumir textos, obtienen en promedio resultados más bajos en ciencias que quienes no recurren a ellos de esa manera.
Esto no significa que la inteligencia artificial sea responsable de la caída histórica en el rendimiento académico. De hecho, el deterioro comenzó mucho antes de la llegada de los actuales chatbots.
El informe señala que el aprendizaje requiere esfuerzo cognitivo productivo. Es decir, no basta con recibir información: el estudiante necesita enfrentarse a ella, interpretarla, relacionarla y resolver problemas.
La propia investigación utiliza una comparación sencilla: del mismo modo que una persona no mejora su condición física únicamente viendo deportes, tampoco desarrolla sus capacidades intelectuales solamente consumiendo respuestas.
México enfrenta un escenario todavía más complejo
En México, cuatro de cada diez estudiantes de 15 años se encuentran por debajo del nivel básico en las áreas evaluadas por PISA: matemáticas, lectura y ciencias.
El país obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, frente a los promedios de la OCDE de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente.
Hay, sin embargo, un matiz importante. Ciencias fue la única de las tres áreas en la que México registró una mejoría respecto a 2022, con un aumento de cuatro puntos.
Al mismo tiempo, el uso de IA para aprender está ligeramente por encima del promedio internacional: 47.4 por ciento de los estudiantes mexicanos la utiliza al menos una vez por semana, frente al 45.5 por ciento registrado entre los países de la OCDE.
Lectura, matemáticas y ciencias muestran el desafío
El deterioro de las competencias no comenzó con la IA. Entre 2015 y 2025, el promedio de lectura de los países de la OCDE cayó 28 puntos, al pasar de 489 a 461.
La caída resulta especialmente marcada en preguntas relacionadas con textos largos y actividades que exigen evaluar, reflexionar e integrar información proveniente de diferentes fuentes.
La pandemia, el ausentismo escolar, el bullying y otros cambios sociales y tecnológicos forman parte de los factores señalados por PISA para explicar este retroceso.
Por eso, atribuir todo el problema a la inteligencia artificial sería simplificar demasiado una situación educativa que ya venía deteriorándose.
El celular también aparece en la ecuación
México presenta además mayores niveles de distracción digital dentro del aula. Solo 24.2 por ciento de los estudiantes afirma no distraerse con dispositivos durante las clases de ciencias, frente al 39.2 por ciento registrado en promedio en la OCDE.
La diferencia también aparece en las restricciones escolares: únicamente 27.2 por ciento de los alumnos mexicanos estudia en escuelas donde los teléfonos celulares están prohibidos, mientras que el promedio internacional es de 49.5 por ciento.
El escenario muestra que el debate no se limita a ChatGPT o a los chatbots. También involucra la manera en que los sistemas educativos están enfrentando un entorno en el que los estudiantes tienen acceso permanente a dispositivos y herramientas capaces de generar información en segundos.
Una investigadora de la UNAM advierte sobre la dependencia
Para Gabriela de la Cruz Flores, directora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, el desafío consiste en aprovechar la tecnología sin convertirla en un sustituto del pensamiento.
La especialista considera que la IA puede personalizar el aprendizaje y favorecer la inclusión, pero también puede generar dependencia y afectar determinadas funciones si se utiliza de manera inadecuada.
Su propuesta pasa por utilizar estas herramientas para estimular el debate y el análisis, incluso mediante dinámicas cercanas al diálogo socrático.
La diferencia, en ese sentido, está en la función que ocupa la tecnología: puede servir como andamiaje para pensar o convertirse en una muleta que evite pensar.
Privacidad, sesgos y respuestas incorrectas
La preocupación no se limita al rendimiento académico. De la Cruz también señala riesgos relacionados con la privacidad y la manera en que las grandes empresas tecnológicas manejan los datos que proporcionan los usuarios.
Otro problema está en la llamada “caja negra” de los sistemas de IA. Los estudiantes pueden recibir una respuesta aparentemente convincente sin conocer con claridad cómo fue construida ni qué información se utilizó para generarla.
Eso abre la puerta a errores, sesgos y respuestas que parecen correctas, pero no están fundamentadas.
La investigadora también advierte que existen desequilibrios en las fuentes utilizadas para entrenar estos sistemas. La predominancia de información en inglés puede influir en las respuestas y reproducir determinados sesgos culturales o lingüísticos.
Las escuelas tendrán que enseñar a cuestionar a la IA
PISA 2025 muestra un dato que apunta hacia una posible salida: 62.6 por ciento de los estudiantes ya reporta haber recibido en clase actividades destinadas a evaluar la calidad de la información generada por inteligencia artificial.
Eso cambia el enfoque. En lugar de intentar mantener a la tecnología fuera del aula, el reto consiste en enseñar a utilizarla con criterio.
En México, además, existe una señal positiva entre los propios estudiantes. El 81.2 por ciento afirma que le gusta aprender cosas nuevas en la escuela y la misma proporción señala que disfruta saber cómo funcionan las cosas. Ambas cifras superan los promedios de la OCDE.
La discusión, entonces, no parece ser simplemente si los estudiantes deben usar IA o no. La cuestión de fondo es qué parte del aprendizaje pueden delegar y qué parte necesitan seguir haciendo por sí mismos.
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