Tlaxcala, Tlax.- El caso de Nanacamilpa encendió el debate político en Tlaxcala luego de que tres diputadas locales criticaran con firmeza el operativo de fuerzas estatales para desalojar a campesinos y transportistas que mantenían un plantón sobre la carretera federal México-Veracruz.
Desde la tribuna del Congreso local y también en entrevistas posteriores, Laura Yamili Flores Lozano (PRD), Miriam Martínez Sánchez (PAN) y la legisladora independiente Blanca Águila Lima coincidieron en algo clave: el conflicto no debió escalar a ese nivel y las autoridades tendrían que haber privilegiado el diálogo desde el inicio.
Las legisladoras señalaron que los productores del campo y operadores del transporte no estaban pidiendo privilegios, sino condiciones más justas para seguir trabajando, entre ellas mejores precios para sus cosechas, apoyos reales y atención directa a sus demandas. Para ellas, lo ocurrido refleja una clara desconexión entre el gobierno y sectores productivos que desde hace tiempo vienen arrastrando inconformidades.
El mensaje central fue contundente: el campo y el transporte necesitan soluciones, no cerrazón institucional.
El Congreso exhibe el fondo del problema: abandono al campo y falta de interlocución
La diputada Laura Flores Lozano fue una de las más enérgicas al afirmar que lo de Nanacamilpa no fue una protesta cualquiera, sino una expresión desesperada de quienes sienten que han sido ignorados durante mucho tiempo. Recordó que campesinos y transportistas han denunciado de manera constante temas como inseguridad, extorsiones, abandono institucional y precios injustos, problemas que, dijo, ya no pueden seguir minimizándose.
Por su parte, Miriam Martínez Sánchez llevó el debate a un plano más amplio al advertir que la crisis del campo en Tlaxcala forma parte de un problema nacional. Subrayó que México enfrenta una contradicción enorme: mientras miles de productores locales batallan para sostenerse, el país depende cada vez más de la importación de granos básicos. Incluso remarcó que en 2025 México importó más de 26 millones de toneladas de maíz desde Estados Unidos, una cifra que exhibe la fragilidad de la producción nacional.
La legisladora panista insistió en que la soberanía alimentaria se construye con políticas públicas, apoyos y respeto al trabajo del campo, no con medidas que profundicen el enojo social.
Exigen responsabilidades y una mesa de negociación inmediata
En tanto, Blanca Águila Lima calificó como lamentable y condenable la manera en que se desarrollaron los hechos y pidió revisar a fondo el actuar de las autoridades. Incluso puso sobre la mesa que los responsables de Seguridad Ciudadana y de la Secretaría de Gobierno deben rendir cuentas por el operativo, especialmente porque, según su postura, ese despliegue contrasta con la falta de resultados en otras problemáticas que sí afectan de forma cotidiana a la ciudadanía.
Además, advirtió que sería muy delicado si la orden de intervenir hubiera salido directamente del gobierno estatal, por lo que exigió claridad, transparencia y garantías para las personas que participaron en la protesta.
Al final, las tres diputadas cerraron filas en una misma exigencia: el conflicto debe resolverse con una mesa de negociación urgente entre autoridades estatales, federales, campesinos y transportistas. Para ellas, Tlaxcala necesita escuchar al campo antes de que el descontento social siga creciendo.
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