Foto: UNAM

Tlaxcala

El perro ha sido compañero de los tlaxcaltecas desde la época prehispánica

En los murales de la Zona Arqueológica de Cacaxtla se encuentran retratados los rastros de la existencia del perro como animal de compañía de las y los tlaxcaltecas desde hace siglos.

Nativitas, Tlaxcala. Los murales de la Zona Arqueológica de Cacaxtla atesoran uno de los vestigios más antiguos de la relación entre los tlaxcaltecas y el perro. En el Mural del Templo Rojo se puede apreciar el glifo calendárico "Cuatro Perro", asociado directamente a un personaje de la élite de la época. 

No obstante, su retrato no es casualidad, pues el hallazgo de restos de los perritos en la ofrendas y rellenos arquitectónicos del Gran Basamento confirma la increíble importancia que tenían estos animales en Cacaxtla.

Pero no sólo aparecen en las pinturas murales, pues los perros también se manifiestan en esculturas y diversas piezas artísticas y arqueológicas que dan fe de la relación con la cultura tlaxcalteca y estos compañeros de cuatro patas. Los perros formaron parte del día a día y de la cosmovisión de las culturas originarias de México.

Aunado a ello, además de acompañar en vida también lo hacían en la muerte. De acuerdo con la tradición nahua, los xoloitzcuintles tenían la misión de guiar a las almas al Mictlán, el inframundo, para lograr su descanso.

Su sacrificio estaba cargado de simbolismo ritual y sagrado, en algunos casos durante rituales funerarios representaban de forma simbólica al ser humano en las ofrendas a los dioses.

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