Por unos momentos, el cielo de Puebla prometía regalar uno de sus espectáculos más llamativos: la Luna quedó casi por completo cubierta por la sombra de la Tierra, con alrededor del 96 por ciento de su disco eclipsado. Sin embargo, la bruma que cubrió el cielo poblano terminó convirtiéndose en un velo que impidió disfrutar con claridad de todo el fenómeno.
El cielo poblano tuvo este viernes una cita con la astronomía, pero la bruma terminó por ponerle un velo al espectáculo. Durante el eclipse lunar, cerca del 96 por ciento del disco de la Luna quedó cubierto por la sombra de la Tierra, aunque las condiciones atmosféricas dificultaron que el fenómeno pudiera observarse con toda claridad.
Desde distintos puntos de Puebla, quienes dirigieron la mirada hacia el cielo pudieron distinguir una Luna considerablemente más oscura de lo habitual, mientras avanzaba el fenómeno. Sin embargo, la presencia de bruma redujo la visibilidad y dejó una escena tenue, en la que el satélite natural aparecía y desaparecía entre las condiciones del cielo.
El fenómeno ocurre cuando el Sol, la Tierra y la Luna se alinean de manera que nuestro planeta proyecta su sombra sobre el satélite natural. Dependiendo de qué tanto de la superficie lunar ingrese en esa sombra, el eclipse puede ser parcial o total.
En este caso, la cobertura alcanzó aproximadamente el 96 por ciento del disco lunar, por lo que sólo una pequeña fracción de la Luna permaneció fuera de la sombra. Esta característica hizo que el evento se acercara visualmente a un eclipse total, aunque técnicamente se mantuvo como parcial.
Uno de los aspectos más llamativos de un eclipse lunar es el cambio en la apariencia de la Luna. A medida que la sombra terrestre avanza, la superficie lunar puede adquirir tonalidades rojizas o cobrizas debido a la forma en que la luz solar atraviesa la atmósfera de la Tierra y alcanza indirectamente al satélite.
Pero en Puebla, la atmósfera terrestre también tuvo su propio papel durante la noche. La bruma presente en el cielo dispersó parte de la luz y disminuyó el contraste, haciendo que el eclipse fuera menos evidente para quienes intentaron observarlo a simple vista.
A diferencia de los eclipses solares, mirar directamente un eclipse lunar no representa un riesgo para la vista, por lo que puede observarse sin filtros especiales. Binoculares, telescopios o incluso cámaras fotográficas pueden ayudar a distinguir detalles de la superficie lunar cuando las condiciones meteorológicas son favorables.
Aunque la bruma impidió disfrutar plenamente del fenómeno en Puebla, el eclipse dejó nuevamente una postal poco habitual: una Luna casi completamente cubierta por la sombra de nuestro propio planeta.
Durante unos minutos, el cielo recordó que algunos de los espectáculos más impresionantes no necesitan escenarios ni luces artificiales; basta con mirar hacia arriba, siempre que las nubes y la bruma lo permitan.
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