Por Carlos Madrid
Hay ferias que terminan cuando se apaga el último concierto. La de Atlixco dejó la impresión contraria: durante nueve días consiguió que la ciudad volviera a ser tema de conversación dentro y fuera del municipio.
La edición 2026 no será recordada únicamente por los nombres que aparecieron en el cartel. Su principal acierto fue haber construido una programación capaz de convocar públicos distintos. Los Acosta abrieron una feria que rápidamente encontró respuesta de los asistentes; después llegaron Mara Escalante, la lucha libre, Yuri, El Bebeto, el espectáculo infantil de Paw Patrol y, finalmente, Molotov, encargado de cerrar una edición que mantuvo movimiento de principio a fin.
Durante años, las ferias municipales apostaron por un solo artista para justificar toda una semana de actividades. Si el concierto funcionaba, la feria era considerada un éxito; si no, el evento pasaba inadvertido.
Atlixco decidió jugar distinto.
En lugar de depender de una sola presentación, construyó una cartelera pensada para diferentes generaciones. Esa decisión permitió que cada día encontrara a su propio público y que la conversación sobre la feria no se limitara a una única noche.
Las imágenes compartidas por los propios asistentes reflejaron esa diversidad. Familias completas recorriendo el recinto, jóvenes esperando el inicio de los conciertos, niños disfrutando de las actividades y cientos de personas haciendo fila para ingresar al Teatro del Pueblo. La feria volvió a convertirse en un punto de encuentro para los atlixquenses y para visitantes de municipios cercanos, algo que no siempre resulta sencillo de conseguir.
Pero quizá el mayor acierto estuvo en otro lado.
Durante algunos años se instaló la idea de que Atlixco sólo brillaba durante la temporada de Día de Muertos o en diciembre con Villa Iluminada. La feria demostró que el municipio también puede generar expectativa en pleno verano y que existe un público dispuesto a responder cuando la oferta cultural y de entretenimiento está bien planeada.
Eso no significa que todo esté resuelto.
Como cualquier evento de esta dimensión, la feria deja aspectos que deberán revisarse para futuras ediciones: la movilidad en los accesos, los tiempos de ingreso en los eventos de mayor convocatoria y la experiencia general de quienes asistieron durante los días de mayor afluencia. Son detalles que forman parte del crecimiento natural de un evento que busca consolidarse.
Lo que sí quedó claro es que Atlixco recuperó algo que ninguna campaña publicitaria puede comprar.
Volvió a ser tema de conversación.
Durante nueve días, el nombre del municipio apareció en redes sociales, fotografías, videos y conversaciones que fueron mucho más allá de la cartelera. En un entorno donde cada fin de semana compiten decenas de eventos por atraer la atención del público, lograr que una feria permanezca presente durante toda su realización ya representa un resultado importante.
Las luces del escenario ya se apagaron.
La feria terminó.
La conversación sobre Atlixco, al menos por ahora, continúa.
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