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La historia detrás de los festejos de la Selección Mexicana en el Ángel de la Independencia

Cada vez que la Selección Mexicana consigue una victoria importante, miles de aficionados tienen un destino casi automático: el Ángel de la Independencia. Lo que pocos saben es que esta tradición no fue planeada ni impulsada por autoridades o equipos deportivos.

La historia comenzó de forma espontánea hace más de cinco décadas. Un pequeño grupo de aficionados decidió celebrar una victoria histórica y, sin imaginarlo, dio origen a una de las expresiones populares más representativas del fútbol mexicano.


Cómo nació la tradición de celebrar en el Ángel de la Independencia

El origen de los festejos futbolísticos en el Ángel de la Independencia se remonta al Mundial de 1970, torneo que marcó un antes y un después para la afición mexicana.

De acuerdo con el historiador Carlos Calderón Cardoso, aunque México ya había conseguido victorias relevantes en años anteriores, ninguna había provocado una concentración masiva de personas en un punto específico de la capital.

Todo cambió el 7 de junio de 1970.

El triunfo que lo inició todo

Ese día, la Selección Mexicana derrotó 4-0 a El Salvador, resultado que representó la victoria más amplia en la historia del combinado nacional hasta ese momento.

La emoción se desbordó apenas terminó el encuentro. Sin convocatoria previa ni organización formal, algunos aficionados comenzaron a dirigirse hacia el Ángel de la Independencia para celebrar.

Lo que parecía una reunión improvisada terminó convirtiéndose en un acontecimiento inesperado.

De unas cuantas personas a una multitud

Al principio apenas llegaron unas decenas de aficionados. Sin embargo, conforme avanzó la tarde, la noticia corrió rápidamente y cientos de personas comenzaron a reunirse alrededor del monumento.

Había banderas, cánticos, cornetas y maracas. La celebración llamó tanto la atención que incluso periodistas extranjeros reconocieron que nunca habían visto algo similar en México.

Uno de los detalles más recordados es que algunos policías asignados para vigilar la zona terminaron sumándose al ambiente festivo que se vivía alrededor del monumento.

El lugar donde desaparecen las diferencias

Quizá una de las razones por las que esta tradición ha sobrevivido durante más de medio siglo es su capacidad para reunir a personas de todos los sectores sociales.

En cada celebración coinciden familias, jóvenes, turistas, trabajadores, aficionados que llegan en transporte público y otros que lo hacen en vehículos de lujo. Durante unas horas, las diferencias parecen quedar en segundo plano.

El Ángel se convirtió así en mucho más que un monumento histórico: pasó a ser un símbolo de identidad colectiva para millones de aficionados.

Una costumbre que se extendió por todo el país

Con el paso de los años, las celebraciones dejaron de estar ligadas únicamente a la Selección Mexicana.

Los campeonatos de clubes como América, Pumas y Cruz Azul también encontraron en el Ángel un punto de reunión para sus seguidores. Además, otras ciudades comenzaron a replicar el fenómeno.

Mientras en Guadalajara la afición suele concentrarse en La Minerva, en Monterrey las celebraciones se trasladan con frecuencia a la zona de Fundidora.

Cuando el fútbol se convierte en memoria colectiva

Desde aquella tarde de 1970, cada generación de aficionados ha escrito su propia historia alrededor del Ángel de la Independencia.

La Copa Confederaciones de 1999, la participación de México en torneos internacionales y distintos campeonatos nacionales han mantenido viva una tradición que nació de manera espontánea y que hoy forma parte de la cultura popular mexicana.

Por eso, cada vez que la Selección consigue una victoria importante, miles de personas vuelven al mismo lugar donde todo comenzó: el monumento que terminó convirtiéndose en la casa de los festejos del fútbol mexicano.

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