El mal olor en las axilas suele relacionarse con el sudor o la higiene, pero cuando persiste incluso después de usar desodorante y mantener una limpieza adecuada, puede ser una señal de que existe un problema de salud que requiere atención médica.
Especialistas señalan que este síntoma, conocido como bromhidrosis, puede estar asociado con alteraciones metabólicas, infecciones cutáneas o incluso efectos secundarios de algunos medicamentos. Detectar la causa a tiempo permite iniciar el tratamiento adecuado y evitar complicaciones.
¿Qué puede provocar un mal olor axilar persistente?
Aunque las bacterias presentes en la piel son responsables del olor corporal normal, cuando el olor cambia de forma repentina, se vuelve más intenso o no desaparece con productos de higiene, es recomendable buscar una valoración médica.
En algunos casos, este síntoma puede ser el primer indicio de una enfermedad que aún no presenta otras manifestaciones evidentes.
Señales que no deben ignorarse
Los especialistas recomiendan acudir al médico si el mal olor en las axilas aparece junto con alguno de estos síntomas:
- Sudoración excesiva o repentina.
- Cambios importantes en el olor corporal.
- Sudoración nocturna.
- Fiebre.
- Pérdida de peso sin causa aparente.
- Confusión o alteraciones del estado de conciencia.
La presencia de uno o varios de estos signos puede indicar que el origen del problema va más allá de una simple alteración del sudor.
Enfermedades que pueden modificar el olor corporal
Diversos trastornos metabólicos cambian la composición química del sudor.
Por ejemplo, una diabetes descompensada puede producir un olor afrutado debido a la presencia de cuerpos cetónicos. En personas con insuficiencia renal avanzada, el sudor puede adquirir un olor similar al amoníaco por la acumulación de urea.
Asimismo, el fallo hepático puede provocar un aroma característico descrito como mohoso o parecido a verduras cocidas.
También existen enfermedades poco frecuentes, como la trimetilaminuria, un trastorno genético que ocasiona un olor intenso similar al pescado y que requiere diagnóstico especializado.
Las infecciones en la piel también pueden ser responsables
No todos los casos tienen un origen interno. Algunas infecciones bacterianas de la piel, como el eritrasma o la tricomicosis axilar, pueden producir un olor desagradable que no mejora con el uso de desodorantes.
Estas enfermedades suelen requerir tratamientos específicos con antibióticos tópicos o medicamentos indicados por un especialista.
Además, el uso continuo de ciertos antitranspirantes puede alterar el equilibrio natural del microbioma de la piel, favoreciendo el crecimiento de microorganismos responsables del mal olor.
Algunos medicamentos pueden cambiar el olor del sudor
Determinados tratamientos también pueden influir en la forma en que huele el cuerpo.
Medicamentos como algunos antidepresivos, terapias hormonales o ciertos antibióticos pueden provocar mayor sudoración o modificar el olor corporal como efecto secundario.
Por ello, durante la consulta médica es importante informar todos los medicamentos y suplementos que se consumen regularmente.
Así se identifica la causa del problema
El diagnóstico comienza con una entrevista médica detallada para conocer cuándo inició el síntoma, cómo ha evolucionado y si existen enfermedades previas o tratamientos farmacológicos.
Dependiendo de cada caso, pueden solicitarse análisis de sangre, estudios metabólicos, cultivos de piel o pruebas dermatológicas especializadas para determinar el origen del mal olor.
En situaciones poco comunes también puede ser necesaria una valoración por otras especialidades cuando exista sospecha de trastornos metabólicos, genéticos o incluso alteraciones relacionadas con la percepción del olor corporal.
El tratamiento depende del origen
No existe una solución única para todos los pacientes.
Algunas personas requieren antibióticos para tratar infecciones cutáneas, mientras que otras pueden beneficiarse de antitranspirantes de prescripción, tratamientos para controlar la sudoración o procedimientos como la aplicación de toxina botulínica en casos seleccionados.
Lo más importante es no normalizar un mal olor persistente que no mejora con las medidas habituales, ya que puede ser la primera manifestación de una enfermedad que necesita atención médica.
Ante cambios persistentes en el olor corporal o la aparición de otros síntomas, acudir con un profesional de la salud permite obtener un diagnóstico oportuno y recibir el tratamiento adecuado antes de que el problema avance.
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