Tiene una medida de 243 kilometros de largo
Un calzoncillo, una botella de plástico y unas huellas de pasos recientes son algunos de los indicios dejados por los migrantes afganos que lograron rodear el nuevo muro que se está construyendo en la frontera entre Turquía e Irán.
La vuelta al poder de los talibanes en Kabul ha sumido el futuro de muchos afganos en la más absoluta incertidumbre y, en Europa, ha despertado el temor a una nueva ola migratoria similar a la de 2015, cuando millones de personas llegaron al Viejo Continente huyendo de los conflictos en Oriente Medio, pasando por Turquía.
Los migrantes que consiguen atravesar la frontera entre Irán, país vecino de Afganistán, y Turquía se esconden de día y caminan de noche hacia el oeste, hacia metrópolis turcas como Estambul, o, en algunos casos, hacia Europa.
Oriundo de Kandahar, en el sur de Afganistán, Mohammed Arif le pagó 600 euros a un pasador para que lo llevara a Estambul. Pero este último desapareció en la provincia de Van, en el este de Turquía.
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