Una brocha, pegamento y una ficha con el rostro de un hijo que no ha vuelto. Así comenzó una jornada que reunió a decenas de familias de desaparecidos en la Glorieta de los Desaparecidos, en la Ciudad de México.
El domingo 30 de agosto, las familias colocaron 2 mil 300 fichas de búsqueda para recordar a quienes siguen sin ser localizados y exigir que sus casos no queden en el olvido. Detrás de cada hoja había una historia, un nombre y años de espera.
La Glorieta de los Desaparecidos se llenó de fichas de búsqueda
Alejandro López, un hombre de edad avanzada, tomó una brocha y comenzó a colocar pegamento sobre una de las vallas que rodean la Glorieta. A su lado estaba su esposa, quien sostenía un paquete de fichas de búsqueda.
Entre ellas estaba la de Axel Humberto López Aguilar, hijo de ambos, desaparecido el 10 de julio de 2013 en El Mante, Tamaulipas.
Como ellos, decenas de personas participaron en la jornada realizada en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Antes de comenzar a colocar las fichas, familiares y colectivos realizaron labores de limpieza en las vallas que rodean el sitio.
La actividad convirtió nuevamente a la Glorieta en un espacio de memoria. Los rostros de hombres y mujeres desaparecidos cubrieron parte de las estructuras, mientras sus familiares continuaban con una búsqueda que, en algunos casos, lleva más de una década.
“Estamos haciendo el trabajo que las autoridades no hacen”
Entre las participantes estuvo Gabina Lozada, madre de Juan Daniel Pompa Lozada, desaparecido en agosto de 2021 en Acapulco, Guerrero.
Juan Daniel había acudido a buscar trabajo cuando desapareció. Desde entonces, su madre y la esposa del joven han recorrido distintos lugares de Acapulco en un intento por encontrar información que permita conocer su paradero.
A cinco años de su desaparición, Gabina aseguró que no existen avances en su localización y cuestionó la respuesta de las autoridades.
“Lamentablemente, como madres buscadoras estamos haciendo el trabajo que Fiscalía y el mismo gobierno no hacen”, expresó durante la jornada.
Su reclamo resumió una de las principales demandas de las familias: que la búsqueda de sus seres queridos no recaiga únicamente en quienes han pasado años recorriendo calles, hospitales, fosas, oficinas y distintos puntos del país en busca de respuestas.
Mientras las familias buscaban atención, la ciudad seguía con el Maratón
La jornada coincidió con el Maratón de la Ciudad de México. Mientras las familias colocaban las fichas en la Glorieta, cientos de corredores y asistentes pasaban por la zona.
Ese contraste llamó la atención de algunas de las madres buscadoras. Para Gabina Lozada, resultaba doloroso observar que gran parte de las personas estaba concentrada en el evento deportivo y pocas se detenían a conocer lo que ocurría junto al recorrido.
La madre de Juan Daniel insistió en que ninguna persona está exenta de enfrentar una desaparición y pidió una mayor participación social ante una problemática que afecta a miles de familias en México.
Un cumpleaños marcado por 11 años de ausencia
Entre las historias que acompañaron la pega masiva también estuvo la de Verónica Rosas, madre de Diego Maximiliano Rosas Valenzuela.
Diego fue secuestrado y desaparecido el 4 de septiembre de 2015 en Ecatepec, Estado de México. Verónica acudió a la Glorieta acompañada por familiares y personas cercanas que llevaban sombreros de fiesta.
El motivo era especialmente doloroso. El 29 de agosto, un día antes de la jornada, Diego habría cumplido 27 años.
La próxima semana, además, se cumplirán 11 años de su desaparición.
Para su madre, la celebración fue una manera de mantener presente la vida de su hijo, aun frente a la incertidumbre que ha acompañado a la familia durante más de una década.
“No sabemos qué ha pasado con Diego”, expresó al explicar que recordar su cumpleaños era también una forma de traerlo nuevamente al presente.
Las 2 mil 300 fichas colocadas en la Glorieta no representaron solamente una cifra. Cada una correspondía a una persona cuya ausencia continúa siendo parte de la vida diaria de una familia.
Y mientras algunas hojas se adherían a las vallas con pegamento, las familias seguían haciendo lo que han repetido durante años: buscar, preguntar y mantener visibles los rostros de quienes aún no han regresado.
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