Anton Petrov Kulkin, un bioquímico y exmilitar originario de Sofía, Bulgaria, se autoproclamaba como “el mejor cocinero” de Latinoamérica, en referencia a su capacidad para producir fentanilo de calidad ‘AAA’. Su historial militar y conocimientos científicos lo convirtieron en un operador clave en la producción de drogas sintéticas en México.
De Bulgaria a Mexicali: su llegada al crimen organizado
En enero de 2018, autoridades de Estados Unidos comenzaron a investigarlo por su presunta participación en la fabricación y tráfico de fentanilo y carfentanilo. Según informes, operaba desde un pequeño apartamento en la colonia San Marcos de Mexicali, a pocos kilómetros de la frontera, facilitando el traslado de drogas hacia territorio estadounidense.
El laboratorio de fentanilo en Mexicali
El operativo que llevó a su captura reveló un laboratorio capaz de producir miles de píldoras de fentanilo ‘AAA’. Durante el cateo, se incautaron 20,000 pastillas falsas y una prensa para comprimidos. Las autoridades señalaron que su red, aunque no identificada directamente con un cártel, tenía vínculos con el Cártel de Sinaloa.
La detención y su conexión con el Cártel de Sinaloa
En septiembre de 2018, tras meses de seguimiento, Kulkin fue arrestado junto a Iván Arredondo-Ramírez, quien intentó sobornar a los agentes para evitar la detención. Las investigaciones apuntan a que su operación estaba al servicio de estructuras criminales del narcotráfico, adaptadas a nuevas formas de distribución.
El impacto del fentanilo y el futuro del tráfico
El fentanilo es un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína, responsable de casi 30,000 muertes por sobredosis en EE.UU. en 2017. La tendencia apunta a que el envío de pequeñas cantidades por correo podría convertirse en la nueva estrategia del tráfico internacional, sumado al riesgo creciente del carfentanilo, cuya presencia en EE.UU. pasó de cero a más de 6,000 casos entre 2015 y 2017.