Entre 2020 y 2025, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) decomisó más de 15 mil artefactos explosivos improvisados, pero hay un dato que cambia la dimensión del fenómeno: cerca de 10 mil fueron asegurados únicamente durante 2025.
La cifra muestra cómo el armamento de los grupos criminales en México ha dejado de concentrarse únicamente en fusiles de alto poder. Explosivos artesanales, drones y sistemas de vigilancia forman parte de una transformación que ya se refleja en distintos puntos del país.
El arsenal de los cárteles mexicanos entra en una nueva etapa
Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en Sinaloa. El 18 de agosto, autoridades decomisaron más de 300 artefactos explosivos improvisados en el municipio de El Rosario. Meses antes, en junio, habían localizado otros 550 dispositivos de fabricación artesanal en la misma zona.
Entre los materiales asegurados había minas antipersonales y artefactos destinados a ser transportados mediante drones, una muestra de cómo algunas organizaciones criminales han incorporado tecnología a sus estrategias de confrontación.
La evolución no apareció de un día para otro. Los primeros registros de decomisos de explosivos artesanales se remontan al menos a 2010, aunque su presencia cobró mayor relevancia después de ataques registrados en Michoacán en 2021.
De los AK-47 a los drones y vehículos blindados
Durante años, las imágenes de los arsenales criminales estuvieron dominadas por rifles como los AK-47 y AR-15, además de rifles Barrett y otras armas de alto poder.
Ahora el panorama es más amplio.
A ese armamento se han sumado vehículos modificados y blindados, armas elaboradas mediante impresión 3D, explosivos artesanales y drones, de acuerdo con la información citada en el reportaje de Deutsche Welle.
El investigador Víctor Sánchez Valdés, de la Universidad Autónoma de Coahuila, estima que en México circulan aproximadamente 15 millones de armas ilegales. Incluso si sólo la mitad estuviera en manos del crimen organizado, representaría un volumen de armamento considerable.
Sin embargo, más que el número de armas, el cambio importante está en la diversidad de capacidades que buscan desarrollar las organizaciones criminales.
Los drones cambiaron la forma de operar
Los drones representan uno de los elementos más visibles de esta transformación porque permiten realizar tareas de vigilancia y reconocimiento sin exponer directamente a una persona.
Su utilización se ha documentado desde hace años en distintas zonas del país y ha cobrado relevancia en regiones donde existen disputas territoriales entre grupos criminales.
En algunos casos, las autoridades también han localizado drones modificados para transportar cargas explosivas. Este tipo de utilización ha sido documentada particularmente en zonas de Michoacán.
La tecnología, por tanto, no sustituye necesariamente al armamento convencional, sino que amplía las capacidades de vigilancia y ataque a distancia de las organizaciones.
México y Estados Unidos también refuerzan la tecnología antidrones
La evolución de esta amenaza ha llevado el problema más allá del territorio mexicano.
A finales de agosto, la Sedena informó que fuerzas estadounidenses detectaron e inhabilitaron tres drones relacionados con actividades de tráfico de personas y vigilancia de autoridades en Estados Unidos, cerca de la frontera con México.
El episodio ocurrió dentro de las llamadas operaciones concurrentes o “espejo”, en las que fuerzas de ambos países realizan reconocimientos de manera simultánea, aunque cada una dentro de su propio territorio.
Estados Unidos utilizó un sistema láser de alta energía para neutralizar los drones, mientras México ha avanzado en la adquisición de tecnología destinada a enfrentar amenazas de este tipo.
También se han impulsado acuerdos para facilitar el acceso a sistemas aéreos no tripulados y herramientas contra estos dispositivos.
La disputa también ocurre en el terreno tecnológico
El cambio en los arsenales criminales no termina con explosivos y drones.
De acuerdo con el especialista citado por DW, algunas organizaciones han recurrido incluso a personal especializado en tecnología y hackers para fortalecer sus sistemas de espionaje.
Entre las capacidades señaladas se encuentran redes de videovigilancia que permiten monitorear movimientos de autoridades y grupos rivales.
Así, el fenómeno muestra una transformación más amplia: los grupos criminales no sólo buscan contar con armas de mayor capacidad, sino también con herramientas para vigilar, anticiparse y mantener el control de determinadas zonas.
Los decomisos registrados en Sinaloa y otras entidades reflejan esa tendencia. El reto para las autoridades ya no consiste únicamente en retirar armas de las calles, sino en responder a organizaciones que han incorporado nuevas tecnologías a sus estructuras de operación.
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