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Primer dron vuela al Polo Norte en desafiante misión climática

Roberta Pirazzini emprendió una expedición al Ártico para hacer algo que nadie había intentado antes: volar un dron cerca al Polo Norte.

Los sensores del dron evaluarían la luz solar reflejada por el hielo. Esta medida, conocida como albedo de superficie, es clave para comprender cuánta radiación solar es absorbida por la Tierra y cuánta se refleja de regreso a la atmósfera. Es uno de los acertijos que podría ayudar a pronosticar qué tan rápido se derretirá el hielo marino.

Pero volar un dron sobre los confines del extremo norte del planeta no es una tarea sencilla. Pirazzini y una colega, Henna-Reetta Hannula, pasaron meses aprendiendo a volarlo. Los técnicos diseñaron y construyeron un sofisticado sistema de navegación adaptado a climas extremos.

Las científicas y sus drones se unieron a la mayor expedición ártica de la historia a bordo del Polarstern, un rompehielos que transporta a decenas de investigadores en una misión que dura un año. De inmediato, Pirazzini se topó con los mismos problemas que han tenido los exploradores del Ártico durante dos siglos: condiciones de navegación traicioneras y tecnología que falla ante el profundo frío.

Aún así, las dos científicas lograron realizar 18 vuelos durante tres semanas. Las mediciones ahora serán analizadas como parte de un esfuerzo multinacional para comprender cómo el calentamiento de las temperaturas está afectando al Ártico.

La capa de hielo del norte de la Tierra se está calentando aproximadamente tres veces más rápido que el resto del planeta, afectando un ecosistema frágil. El hielo marino del Ártico, que se derrite durante el verano y se congela en los meses de invierno, se redujo al segundo nivel más bajo registrado en septiembre.

Si bien el área del hielo marino se puede monitorear mediante satélites, otras mediciones que son cruciales para comprender la velocidad del derretimiento solo se pueden obtener estando más cerca del suelo. Tradicionalmente, los científicos han tomado lecturas de albedo con aviones y helicópteros. Pero los drones son más baratos, pueden volar en peores condiciones climáticas e incluso bajo nubes bajas. Los vuelos de Pirazzini volaron entre cinco y 30 metros sobre el hielo. “La tecnología de drones avanza cada mes, cada año”, dice.

El arsenal científico del Polarstern incluía un helicóptero y muchos globos meteorológicos equipados con un sistema de radio que recogía y transmitía datos sobre temperatura, humedad, dirección y velocidad del viento. Se lanzaron un total de 1.574 globos, ocho por día durante 12 meses. “El cambio climático probablemente obligará que la organización haga más expediciones como esta porque habrá voluntad de hacer algo”, dice Pirazzini. “Esta expedición ha creado nuevos caminos de investigación. Siento que tengo la responsabilidad de aprovechar esto al máximo”.