La guerra comercial entre Canadá y Estados Unidos subió de intensidad este martes 8 de septiembre de 2026. Ottawa puso en marcha nuevos aranceles de represalia de hasta 50% contra una amplia lista de productos estadounidenses, en una disputa que lleva 18 meses.
Las nuevas medidas afectan mercancías por unos 27 mil 600 millones de dólares canadienses, mientras crece la preocupación por las consecuencias para empresas de ambos países y por el futuro del T-MEC.
Aranceles de Canadá contra EU entran en vigor este martes
Los nuevos gravámenes comenzaron a aplicarse poco después de la medianoche y contemplan tasas de 15%, 25% y 50%, dependiendo del producto.
La medida alcanza a cientos de mercancías estadounidenses, entre ellas acero, aluminio, muebles, ropa, cosméticos, electrodomésticos, electrónicos y maquinaria agrícola. También fueron incluidos productos lácteos como el queso.
El gobierno del primer ministro Mark Carney sostiene que los aranceles buscan responder de manera equivalente a las medidas adoptadas previamente por Washington.
Estos son los productos que recibirán el golpe
La lista canadiense abarca sectores con una fuerte relación comercial entre ambos países. Además de los productos industriales, Ottawa incluyó mercancías de consumo y algunos alimentos.
El sector pesquero tuvo algunas exclusiones en la lista definitiva. Por otro lado, las restricciones a la venta de licor estadounidense continúan en ocho de las diez provincias canadienses.
Esta última medida ya ha tenido un efecto considerable: las exportaciones estadounidenses de bebidas espirituosas hacia Canadá han caído más de 70%.
¿Por qué Canadá respondió a los aranceles de Trump?
La represalia canadiense llega después de que Donald Trump impusiera aranceles de 50% a determinados productos canadienses desde el 22 de agosto.
Entre los bienes afectados por las medidas estadounidenses se encuentran vino, muebles, productos lácteos, cemento, ropa, cañas de pescar y equipo de hockey.
Washington justificó sus acciones con el argumento de que Canadá mantiene un trato discriminatorio hacia industrias estadounidenses, particularmente en los sectores del alcohol, automotriz y lácteo.
Las negociaciones terminaron sin acuerdo
El conflicto comercial también tiene un componente político. Las conversaciones entre ambos gobiernos se rompieron el 21 de agosto, después de varios días de reuniones en Washington.
Carney afirmó que Canadá suspendió el diálogo debido a nuevas condiciones introducidas por Estados Unidos que, según su gobierno, limitarían la capacidad canadiense para negociar acuerdos comerciales con otros países.
Entre las diferencias también apareció el tema del idioma francés, mientras Washington negó haberlo convertido en una condición que bloqueara las negociaciones.
El primer ministro canadiense ha dejado abierta la posibilidad de retomar las conversaciones, pero exige que el diálogo se realice bajo condiciones que Ottawa considere serias.
El conflicto ya genera presión sobre las economías
La relación comercial entre ambos países hace que cualquier escalada tenga consecuencias para empresas y trabajadores a ambos lados de la frontera.
Cerca del 60% de las importaciones canadienses provienen de Estados Unidos, mientras aproximadamente 70% de las exportaciones de Canadá tienen como destino el mercado estadounidense. Esa dependencia explica por qué las medidas arancelarias representan un riesgo especialmente importante para sectores concretos.
RBC Economics considera que los nuevos gravámenes canadienses tendrían un efecto limitado sobre el crecimiento general de Estados Unidos, aunque podrían generar un impacto considerable en determinadas compañías y en el sector manufacturero de las provincias centrales de Canadá.
Para reducir las consecuencias, el gobierno de Carney destinó un paquete de apoyo de 7 mil 500 millones de dólares canadienses para empresas y trabajadores afectados.
Trump también enfrenta presión interna
La disputa ocurre mientras la política arancelaria estadounidense genera cuestionamientos dentro de Estados Unidos.
Una encuesta de Reuters/Ipsos citada en el reporte señala que solo 20% de los estadounidenses respalda los aranceles impuestos por Trump contra Canadá.
El dato agrega presión política a una estrategia comercial que ya ha provocado respuestas de distintos socios de Washington.
El T-MEC queda en medio de la disputa
Uno de los puntos que más atención genera para México es el futuro del T-MEC, debido a que la escalada entre Ottawa y Washington ocurre mientras el acuerdo comercial enfrenta un proceso de revisión.
Cerca de 80% de las exportaciones canadienses hacia Estados Unidos ingresan actualmente sin arancel gracias a las disposiciones del tratado. Sin embargo, los nuevos gravámenes estadounidenses fueron aplicados bajo una legislación de la época de la Gran Depresión y no permiten a Ottawa acogerse plenamente a esas protecciones.
La situación aumenta la incertidumbre alrededor de la relación comercial de América del Norte y coloca al T-MEC en un escenario especialmente delicado.
Bombardier queda atrapada en la pelea
La tensión alcanzó incluso al sector aeronáutico. Un día antes de que entraran en vigor las medidas canadienses, Trump amenazó con bloquear las ventas de Bombardier en Estados Unidos si la compañía no trasladaba su producción a territorio estadounidense.
La empresa respondió destacando su presencia en Estados Unidos y el impacto que tiene sobre el empleo y la cadena de suministro.
Bombardier señaló que sostiene decenas de miles de empleos en más de 20 estados y que realiza compras por más de 2 mil 500 millones de dólares al año a unos 2 mil 800 proveedores estadounidenses.
La disputa comercial, así, dejó de ser únicamente una discusión sobre aranceles. Con nuevos gravámenes ya activos, negociaciones suspendidas y el T-MEC bajo revisión, Canadá y Estados Unidos enfrentan una nueva etapa de tensión económica que también puede tener efectos para México.












