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Aguacate de Michoacán vuelve a EU, pero productores aún temen por la violencia

Después de varios días de incertidumbre, los trabajadores de las huertas de aguacate en Michoacán regresaron a cortar la fruta con destino a Estados Unidos. La reactivación permitió recuperar empleos y puso nuevamente en marcha a empacadoras que habían quedado prácticamente paralizadas por una alerta de seguridad.

Pero el regreso a la normalidad no significa que el problema haya terminado. En la principal zona productora del país persisten las preocupaciones por extorsiones, robos y amenazas, mientras productores y jornaleros esperan que el refuerzo de seguridad tenga efectos que duren más allá de unos cuantos días.


El aguacate de Michoacán retoma su camino hacia Estados Unidos

Para Francisco Isidro, un cortador con dos décadas de experiencia, la diferencia entre estar sin trabajo y volver a una huerta fue cuestión de días. Tras la suspensión de actividades, el jornalero tuvo que pensar en cómo sostener a su familia mientras esperaba noticias sobre la reanudación de las labores.

Cuando la actividad regresó, volvió a subir a los árboles y en pocos minutos comenzó a llenar una caja con aguacates. Para muchos trabajadores, recuperar el corte significa recuperar también el ingreso diario del que dependen sus familias.

La reactivación alcanzó a las huertas, cuadrillas, empacadoras e inspectores encargados de verificar que la fruta cumpla con los requisitos necesarios para cruzar hacia territorio estadounidense.

La cadena es especialmente relevante para Michoacán, cuya economía agrícola tiene una fuerte dependencia de este producto. Una interrupción prolongada no solamente afecta a los grandes productores: también golpea a jornaleros, transportistas, empacadores y pequeños negocios vinculados con la actividad.

Una suspensión que puso en pausa a miles de trabajadores

La alerta de seguridad tomó por sorpresa a trabajadores de distintas comunidades productoras. En Santa Ana Zirosto, por ejemplo, los jornaleros recibieron la instrucción de detener el corte sin tener inicialmente mayores detalles sobre cuánto duraría la interrupción.

En otras zonas, las empacadoras también redujeron o suspendieron sus actividades. La incertidumbre se extendió rápidamente por una industria que necesita coordinación constante para mantener el flujo de fruta hacia la frontera.

La situación también mostró hasta qué punto la seguridad puede convertirse en un factor determinante para el comercio agrícola entre México y Estados Unidos.

Cuando las inspecciones se interrumpen, la fruta no puede avanzar con normalidad. Las huertas dejan de cortar, los empaques disminuyen su operación y los transportistas deben esperar instrucciones antes de mover la mercancía.

La tranquilidad regresó, pero con dudas

El refuerzo de las fuerzas de seguridad en la franja aguacatera generó cierto alivio entre productores y trabajadores. Sin embargo, la sensación de seguridad todavía está lejos de ser completa.

Para quienes viven y trabajan en la zona, el problema no se limita a una alerta puntual. Durante años, distintos productores han denunciado situaciones relacionadas con extorsiones, amenazas y robo de mercancía.

Algunos empresarios incluso han señalado que los pagos exigidos por grupos criminales forman parte de los costos que enfrentan para mantener sus operaciones. A esto se suman los robos de vehículos cargados con aguacate y los riesgos que enfrentan los trabajadores durante sus recorridos.

La presencia militar puede reducir temporalmente algunos de estos riesgos, pero los productores quieren saber si el operativo tendrá continuidad.

Extorsiones y amenazas mantienen bajo presión al sector

El regreso de las actividades ocurre en un territorio donde la producción de aguacate convive desde hace años con problemas de seguridad.

La extorsión es una de las principales preocupaciones para productores y empresarios, especialmente en municipios donde la actividad agrícola representa una de las fuentes económicas más importantes.

El problema tiene consecuencias que van más allá de una pérdida económica. Una amenaza puede modificar rutas de transporte, horarios de trabajo e incluso la manera en que los productores administran sus huertas.

Uno de los testimonios incluidos en la historia muestra esa realidad. Un productor relató haber sido amenazado por hombres armados y posteriormente recibir nuevos mensajes intimidatorios. Aunque un caso anterior llegó a los tribunales, las amenazas volvieron.

Para quienes se encuentran en esa situación, la reactivación comercial no elimina automáticamente el temor.

La seguridad también determina si el aguacate puede exportarse

El proceso para que un aguacate llegue a una mesa estadounidense comienza mucho antes de cruzar la frontera.

Los trabajadores deben cumplir procedimientos de manejo y corte, mientras las huertas y empacadoras tienen que mantener condiciones específicas. Posteriormente, la fruta pasa por procesos de revisión y clasificación antes de ser enviada.

La certificación es una pieza fundamental de toda la cadena exportadora.

Por eso, cualquier interrupción de las inspecciones puede tener un efecto inmediato. Si los técnicos no pueden ingresar a determinadas zonas por razones de seguridad, el proceso se frena y las exportaciones pueden verse comprometidas.

Esta dependencia también explica la preocupación de los productores ante cualquier cambio en las condiciones establecidas por Estados Unidos.

Estados Unidos sigue siendo clave para el aguacate mexicano

El mercado estadounidense representa uno de los destinos más importantes para la producción mexicana de aguacate. Una parte mayoritaria de la fruta mexicana destinada a exportación termina en ese país.

La relación comercial tampoco es nueva. Durante décadas México tuvo restricciones para enviar aguacate al mercado estadounidense, hasta que el veto fue levantado en la década de 1990.

Desde entonces, la demanda estadounidense convirtió al producto mexicano en uno de los principales protagonistas del comercio agrícola bilateral.

El volumen de operaciones hace que cualquier interrupción tenga consecuencias relevantes. No se trata solamente de cajas de aguacate detenidas: detrás de cada envío existe una cadena de trabajadores, productores, empacadoras, transportistas y comerciantes.

El regreso al trabajo no elimina la incertidumbre

En las comunidades productoras, el ambiente volvió a cambiar después de la reanudación de las actividades. Los trabajadores regresaron a los árboles, las empacadoras retomaron el ritmo y los convoyes de mercancía volvieron a movilizarse.

Sin embargo, la cautela permanece.

Algunos productores consideran que el despliegue de seguridad puede representar una oportunidad para recuperar cierta tranquilidad. Otros prefieren esperar antes de asumir que el problema quedó resuelto.

Para los jornaleros, la prioridad es más inmediata: volver a trabajar significa recuperar el ingreso diario. Para los empresarios, en cambio, el desafío es mayor: necesitan que las condiciones de seguridad permitan mantener la producción y las exportaciones de manera constante.

Por ahora, las cajas de aguacate vuelven a salir de Michoacán rumbo a Estados Unidos. La gran incógnita es cuánto tiempo podrá mantenerse esta nueva etapa de actividad sin que otra alerta vuelva a detener una industria de la que dependen miles de familias.