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Vie, Abr

Por qué los hombres usaban pelucas y tacones en el siglo XVII como signo de virilidad y poder

Foto: Cortesía

Cultura

En la corte de Luis XIV, los hombres usaban maquillaje, pelucas y tacones para demostrar virilidad y poder entre la nobleza.

Todos los imperios occidentales querían un jardín como el de Versalles en su patio trasero. Bajo el mandato de Luis XIV en Francia, usar pelucas y tacones no era una cuestión femenina. Por el contrario, en la corte del monarca absoluto estos eran los símbolos de poder y masculinidad por excelencia.

Una cuestión simbólica

Aunque se sabe que originalmente la costumbre de usar tacones masculinos comenzó en Asia, como un apoyo para orientar a los caballos al montarlos, la práctica muy pronto llegó a Europa como una cuestión de ornato entre aquellos que pertenecían a las clases más acomodadas de Francia.

Al alcanzar los altos círculos de la élite en el poder, los zapatos altos se entendieron implícitamente como una separación del suelo para quienes dirigieran el país. Literalmente, era una manera de demostrar, por medio de la indumentaria, que los nobles varones estaban en un nivel superior al resto de la población.

Por esta razón, Luis XIV no sólo usaba tacones, sino que también ostentaba pelucas que demostraban el poderío de su imperio. Además de alzar Versalles, debería de vestirse a la altura de su palacio: entre más rebuscadas y ornamentadas las prendas, mejor.

Lucir el estilo Barroco en la ropa

En el siglo XVII, durante el esplendor del mandato del Rey Sol, la comodidad para vestirse importaba muy poco. El estilo artístico imperante en la época fue el barroco, que se caracteriza por un miedo al vacío. En lugar de buscar el orden y la simetría, este movimiento artístico rebosa en detalles, apelando a una experiencia estética de lo grandioso, de lo rebosante de vida, de lo imperial.

El Barroco, por tanto, impone. Luis XIV no quería otra cosa para representarse a sí mismo y a su imperio: faldas largas, ropas bordadas con oro, querubines en cada esquina de su palacio trazados por los más selectos artistas de la época. Así también, su corte y él deberían de vestirse de las maneras más atiborradas posibles.

La moda alcanzó su punto más álgido cuando el rey redactó un edicto para que sólo los miembros de la corte pudieran usar específicamente tacones rojos. Para el pueblo, sin embargo, los zapatos de tacón servían muy poco: las calles llenas de baches y las jornadas laborales interminables de trabajo físico no permitían que las clases menos acomodadas se dieran ese tipo de lujos.

La masculinidad está sujeta a su contexto histórico

La corte de Versalles tenía en una alta estima el hecho de que sólo los hombres nobles pudieran usar tacones y pelucas. Eventualmente, este parámetro se extendió también a las mujeres adineradas y poderosas. Sin embargo, en Francia se pensó originalmente como una moda destinada a varones con altos rangos políticos y capacidades adquisitivas de élite.

Hoy en día, el panorama cambió. Los tacones son artículos prominentemente femeninos en Occidente. Aunque la cultura del drag se ha encargado de romper con estos estereotipos, bajo la premisa de que la ropa no tiene género, la masculinidad contemporánea tiene mucho trabajo que hacer en este terreno. Luis XIV, sin embargo, no parecía tener problema con ello en lo absoluto.

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