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Dom, Abr

Lee Krasner no fue solo la mujer de Jackson Pollock

Foto: Cortesía

Cultura

La novela 'El color de tu nombre' (La Esfera de los Libros), de Ara de Haro, recrea la vida de la pintora estadounidense

Nueva York, 1950. Mientras la ciudad se prepara para acoger la exposición de arte norteamericano contemporáneo programada por el Metropolitan, la revista Life remata la publicación de su último número a modo de réplica. Un grupo de artistas, entre los que figuran Willem de Kooning, Jackson Pollock y Mark Rothko, ha posado para la publicación. Semblantes serios, brazos cruzados y algún ceño fruncido. Por si las poses no fueran suficientemente elocuentes, la foto se titula Los irascibles.

Su gesto es una protesta, un reproche por no haber sido incluidos en la muestra. Entre los 15 artistas que figuran en la instantánea, solo hay una mujer: Hedda Sterne. A pesar de que son varias las pintoras que se enmarcan en la misma corriente que los protagonistas de la estampa representan, no figuran en la foto. "Para rebajar (o disimular) el nivel de testosterona, se añadió a Sterne, que literalmente pasaba por allí, que no trabajaba en ese estilo y que no tenía nada que ver con el grupo", comenta Ara de Haro, doctora en Historia del Arte y especialista en arte contemporáneo.

Una de las ausencias más clamorosas es la de Lee Krasner, pionera del expresionismo abstracto, en cuya vida De Haro ha inspirado su nueva novela, El color de tu nombre (La Esfera de los Libros). "Krasner siempre me ha fascinado, una mujer de fuerte personalidad y vocación artística inquebrantable. Pintora hasta la médula. Pintora en medio de las circunstancias más difíciles, y, por si fuera poco, pintora casada con alguien tan fascinante, sí, pero también tan complejo e inestable como Jackson Pollock", asegura.

"La primera tarea de la mujer de un artista exitoso es salvarle de las cazadoras de ídolos", dice en un momento dado Kay Storm, protagonista de la novela. "La segunda, conseguir que trabaje e intentar que siga produciendo éxitos. La tercera es, seguramente, mantenerle con vida". Es inevitable en este pasaje recordar cómo Krasner acostumbraba a ceder a Pollock los mejores espacios del hogar que compartían para que él pintara. Los más amplios. Los más luminosos.

Pese a que las semejanzas y paralelismos entre Krasner y el personaje de Kay son cuantiosos, la escritora asegura que ha concedido un gran margen a la ficción. "Para mí, lo importante es la idea de Krasner, el arquetipo que representa, como una Medea o una Fedra de la pintura, un mito clásico, pero en una versión distinta, moderna, contemporánea. Una nueva vuelta de tuerca al tema de la mujer fuerte, que ama en medio de la tormenta e intenta, dramáticamente, salvar a su amado y a su arte a la vez. Y por arte ha de entenderse también su propia identidad".

Esa misma identidad, valiente, arrolladora y generosa, es la que también percibe Lucía Agirre, comisaria del Guggenheim Bilbao. Fue precisamente este museo el primero en dedicar el pasado mes de septiembre una muestra a la figura de Krasner en España. "Hacía 25 años que no se hacía ninguna en toda Europa. Además, la primera gran exposición que se le dedicó fue en Inglaterra, no en Estados Unidos", apunta Agirre. "Aunque su reconocimiento llegó más tarde, en los años 70 y con los movimientos feministas, la realidad es que Krasner es una gran desconocida. Muchas veces, esa figura tan importante desde el punto de vista artístico se ha convertido en un personaje que la ha fagocitado".

La sombra que su marido proyectó sobre ella fue, en efecto, alargada. "El hecho de ser la señora Pollock le ayudó y no le ayudó", prosigue Agirre. "En su época, hizo que ella estuviera en un segundo plano, porque él rápidamente alcanzó la notoriedad, pero eso le permitió dedicar su vida a lo que quería, cosa que agradeció. Aunque mantener el legado de su marido través de la Pollock-Krasner Foundation fue también un peso, ella nunca dejó de pintar". "Quizá otro tipo de persona, otro pintor o pintora, más mediocre, se habría podido beneficiar de esa atención mediática que recibió Pollock, la mayor que había recibido un pintor norteamericano hasta entonces", coincide De Haro. "Pero Krasner no lo hizo, lo que dice mucho de su fuerza y de su sentido de la dignidad personal y artística".

Ni las humillaciones, ni las borracheras, ni las infidelidades lograron socavar el ánimo de Krasner. La misma Krasner que escuchó de boca de su maestro, Hans Hofmann, la siguiente frase ante una de sus obras: "Esto es tan bueno que nunca dirías que lo ha hecho una mujer".

EL CULTURAL.

 

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