Joan Fontcuberta y el camino hacia el Mictlán de la fotografía 'amnésica'

Foto: Cortesía

Cultura

El Mictlán, ese camino que las almas de los mexicas recorrían al morir, no solo estaba destinado para ellos. La fotografía, tan efímera como la vida misma, tiene ese mismo destino: dejar un rastro en la historia y, posteriormente, desaparecer.

¿Qué pasa cuando la imagen fotográfica se convierte en un simple suspiro, en un reducto químico? El artista visual Joan Fontcuberta muestra este proceso en Mictlán, una exposición que será presentada en la Ciudad de México en marzo.

"A mí me resultaba paradójico que, unas fotografías que habitaban un archivo porque proporcionaban una determinada información en cuestión política, una escena de una batalla, de repente perdieran el vínculo con la realidad y se convirtieran en meras abstracciones producidas por los residuos de la química. Este hecho me resultaba muy poético, una paradoja. ¿Qué pasa cuando se vuelve amnésica, cuando sufra Alzheimer? Empecé a trabajar sobre esta idea de este tipo de situación y, por otro lado, desvela la sustancia más íntima de la fotografía", dijo en entrevista para El Financiero.

El propósito de la investigación, señaló, fue llegar al 'grado cero' de la escritura fotográfica, donde se encuentra la composición, particularidades y elementos químicos de cada imagen de este tipo. Aquí es cuando la fotografía 'muere' e inicia su travesía hacia el inframundo.

¿Y por qué eligió esa temática? Fontcuberta detalló que, tras estudiar los acervos fotográficos en la Ciudad de México (Televisa, Archivo Fotográfico de la Ciudad de México), Pachuca (Fototeca Nacional) y Mérida (Archivo ‘Pedro Guerra’) y analizar hasta un millar de documentos antiguos, decidió dar un hilo conductor a las imágenes que halló, con temáticas desde la Revolución Mexicana, las bodas y los bautizos, hasta la pornografía.

“La idea del Mictlán podía articular a través de los nueve estratos, de los nueve pasos que el difunto tiene que atravesar superando una serie de pruebas (…) Las imágenes no ilustran de manera literal esos textos sagrados, pero evocan algunas de sus situaciones y particularidades. Nos dan un recorrido un tanto sombrío, siniestro, en esa travesía, algo que en la tradición cristiana podríamos llamar el purgatorio”, destacó.

Las imágenes debían cumplir con ciertas características, como que tuviese un deterioro natural.

“Nunca manipulo el resultado, no altero el color. Voy a buscar realmente zonas de la imagen que se está deteriorando de una manera, digamos, natural, espontánea, sin que haya sido provocado en busca de un determinado efecto plástico”, aseguró el también realizador de la exposición Trauma, preámbulo para la nueva muestra.

Aunque parte de su trabajo hace énfasis en la sátira, el también profesor y crítico nacido en Barcelona afirmó que en este caso, las imágenes no necesitan otro soporte, salvo el impacto de sí mismas.

¿Morir y renacer?

Sí, la fotografía tiene un tiempo de ‘caducidad’, pero ese no es su último peldaño. Fontcuberta indicó que la imagen sigue un proceso cíclico.

“A mí me interesa pensar que una imagen es un ente vivo, no es algo inerte, sino que experimenta su propio metabolismo. La imagen nace, crece, se desarrolla, llega a su madurez, luego envejece, agoniza y muere para reiniciar el ciclo de la vida. Esas imágenes dañadas, en el fondo, nos están dando cuenta del fin de ese ciclo. Lejos de obstruir una información valiosa, lo que hacen es añadir otra. Estratificar una segunda información no tanto sobre la realidad sino sobre la propia vida de la imagen”, mencionó.

Para apreciar esta especie de ‘transmutación’, puso como ejemplo la técnica kintsugi, originaria de Japón.

“Estoy inclinado por la técnica kintsugi, que es, por ejemplo, cuando un vaso o jarrón de cerámica se rompe, no lo tiran, no lo desechan. Lo recomponen, pero no disimulando las fracturas, sino al revés, enfatizándolas con hilo de oro porque entienden que esas cicatrices, en el fondo, hablan de los sacrificios que ha realizado el objeto en su vida pasada para tener una funcionalidad, una utilidad en la vida actual. Esos daños de esas fotografías podrían entenderse como esas suturas que, por un acto de resiliencia, hemos de aceptar y aprender a valorar”, señaló.

¿Qué pasa con la imagen fotográfica en la actualidad?

Mictlán se integró con fotos de hace más de cien años. El panorama de la imagen actual ha cambiado pero, ¿qué es lo que está ocurriendo?

“La fotografía es un tipo de imágenes que llegó para solventar un tipo de problemas inherentes a la vida, la economía, los valores del siglo XIX. Nos encontramos en el siglo XXI. ¿Esas imágenes inventadas en el XIX van a dar respuesta a nuestras necesidades actuales? Seguramente deberemos adaptarlas, modificarlas o tendremos que inventar nuevos recursos. Por ejemplo, lo que hago con esta serie es un homenaje o una despedida a la fotografía como la hemos conocido, pero también es un reconocimiento de que comienza a ser sustituida por otras formas de la cultura visual contemporánea”, consideró Fontcuberta.

Por esta razón, para el futuro, estimó que los procedimientos gráficos y las imágenes que de ellos emanen responderán a los usos y prácticas de ese tiempo mas no de las que han sido fundamentales en el ámbito fotográfico hasta este momento.

Además de la fotografía, el espectador también ha cambiado. Para esta exposición, la cual se inaugurará el 6 de marzo a las 19:30 horas en Hydra (Tampico 33, colonia Roma Norte, Ciudad de México) y estará abierta hasta el 30 de abril, el realizador de Fauna invitó a los espectadores a ser parte de la muestra.

“Espero que los públicos se conviertan en cómplices del proyecto, que no sean solo agentes pasivos que miran la imagen, sino que haya una mirada activa, crítica. Entiendo que el espectador debe terminar una obra. El artista propone; el espectador, con su mirada, su reacción, culmina ese proceso creativo”, explicó.

Y, si no solo eres fan de observar fotografías, sino que te gusta realizarlas, él hizo énfasis que lo más importante es nutrirse de experiencias de la vida, desde leer hasta asistir a conciertos.

“No es una cuestión técnica, aunque el dominio del lenguaje es importante para poder plasmar una sensibilidad. Lo importante es tener cosas que decir que sean en sintonía con los problemas de nuestra época”, manifestó.

El libro de Mictlán

A la par de la inauguración de la muestra, se presentará un fotolibro que llevará el mismo nombre. Este texto, editado por Inframundo y desarrollado entre Joan Fontcuberta, Ramón Pez y Ana Casas, está elaborado con materiales tradicionales.

“Quisimos jugar, sacar partido a la materialidad. Incluso estuvimos pensando en utilizar papeles hechos con fibra de cactus, de maguey, papeles muy artesanales por esa proximidad con la materia, y también por un deseo de ir a buscar materiales populares, asequibles, como el de embalar, no los papeles sofisticados, costosos, refinados, sino una cosa muy de la historia popular”, señaló el artista visual.

Al respecto, Ana Casas, directora de Hydra, dijo que este material tendrá dos ediciones, una de ellas especial.

“La edición especial va a costar 200 dólares y el otro definiremos el precio. El 6 (de marzo) estará toda la información”, puntualizó.

Además, será la ‘punta de lanza’ para el lanzamiento de la plataforma de preventa de fotolibros, los cuales se han realizado en una incubadora generada por el proyecto desde 2016.

“Lanzaremos nuestra nueva página; hacemos conservación, hacemos exposiciones y otro tipo de talleres. Pero lo nuevo es la plataforma de preventa de fotolibros. Este es un proyecto colectivo, que se ha hecho con los mismos autores. Con ello queremos encontrar otras formas de patrocinar los libros, sobre todo de mexicanos, que muchas veces no se pueden hacer por falta de recursos o porque no hay vías para eso”, destacó.

 

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