El Teatro Real inaugura su temporada con 'Un ballo in maschera' y recuperando el pulso de los tiempos: toca hablar de racismo

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Cultura

El primer montaje post-Covid tras el éxito de 'La Traviata' de este verano mira a Estados Unidos y a los conflictos raciales.

Después del éxito del montaje de 'La Traviata' post-Covid, este pasado julio, el Teatro Real abre el próximo viernes su temporada 2020-2021 con un espectáculo que mantiene la orientación del coliseo madrileño con el pulso de los tiempos. Si hace unos meses tocó hacer una 'Traviata' con distanciamiento social, sin abrazos ni besos entre Violetta y Germont debido a las medidas contra la propagación del coronavirus -que encajaron bien con el temor a la tuberculosis que acaba con la vida de la protagonista-, en esta ocasión se añade una nueva variable al planteamiento de salud pública. 'Un ballo in maschera', también de Giuseppe Verdi, llega al Real sin las aglomeraciones del coro tan características de las puestas en escena 'verdianas'. Igualmente, tampoco habrá muestras de afecto físico sobre el escenario, que intentarán ser suplidas por la emoción de la música. Lo que sí hará acto de presencia será el discurso social, en este caso contra el racismo, en un momento en que Estados Unidos -país en el que se desarrolla la acción- arde debido a los conflictos no resueltos de su pasado esclavista.

'Un ballo in maschera' está ambientada en el Boston anterior a la Guerra de Independencia, debido a la censura. Originalmente, el libreto hacía referencia al asesinato del rey Gustavo III de Suecia en 1792 en el transcurso de un baile de máscaras. Verdi y su libretista, Antonio Somma, decidieron alejar la acción para lograr la aprobación de los censores en plena época de revoluciones en Europa.

Ese movimiento ha servido para que el director de escena italiano Gianmaria Aliverta incida en las tensiones raciales. Su compatriota Nicola Luisotti, que dirigió musicalmente 'La Traviata' y que ha estado presente en el foso en los últimos grandes montajes verdianos en Madrid, defiende esta aproximación:«En mi país, estamos viviendo situaciones en las que se culpabiliza a los inmigrantes subsaharianos del hecho que tengan que abandonar su país en busca de una vida mejor. Debernos plantarnos frente a eso». Para Aliverta, su versión «cuenta con un componente racial muy fuerte que explica la suerte en Estados Unidos de Riccardo, el conde protagonista de la obra, y resalta la situación de la gente de color. Y ya sabemos como están las cosas actualmente en ese país», recordó ayer durante la presentación.

Estrenado en el Teatro de La Fenice de Venecia, el espectáculo ha sido modificado para adaptarlo a la pandemia. Así, por ejemplo, el equipo artístico lleva unas mascarillas con su rostro impresionado, como la que lució el propio director de escena.

En la presentación, el director general del Real, Ignacio García-Belenguer se felicitó por los buenos resultados de La Traviata (20.000 entradas vendidas y dos millones de euros de recaudación), aunque insistió en que no hay que bajar la guardia:«Debemos apoyar la ópera y la Cultura y seguimos trabajando en esa normalidad. El aforo podría ser del 75% pero hemos decidido dejarlo en el 65%, 1.200 butacas, porque no queremos apurar al máximo. Queremos que la gente se sienta cómoda y disfrute del espectáculo».

EL MUNDO. 

 

 

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