El regreso de Quetzalcóatl: el libro de cuentos de 'Rictus'

Foto: Cortesía

Cultura

En la eternidad en la que los dioses existen, cinco siglos pueden significar quizá un retraso de unos cuantos minutos, apenas para llegar elegantemente tarde.

¿Y si al gran dios Quetzalcóatl en su regreso se le hubiera hecho un poco tarde, digamos, unos 500 años?

1519 (Año 1 caña) fue el año que una antigua profecía vaticinaba para los mexicas el regreso de la gran serpiente emplumada, pero en su lugar vieron llegar a sus tierras un ejército invasor proveniente de la lejana península española, comandado por el capitán Hernán Cortés.

Pero…

¿Y si tal profecía se cumpliera en nuestros días? ¿Cómo se viviría en esta sociedad mexicana, con todas sus características actuales, un suceso de tal magnitud?

El regreso de Quetzalcóatl, crónicas y relatos del gran e increíble retorno de la serpiente emplumada es la primera novela escrita por el caricaturista Julio Iván López Valverde Rictus, quien debuta en la que él considera una faceta más de su trabajo como cartonista editorial. A partir de fake news, hilos de Twitter, posts de Facebook y blogs, narra una historia épica que pretende convertirse en una posverdad en la que se involucra directamente a cada habitante de la Ciudad de México y de todo el país.

Brayan Itzcóatl es un chico nacido en Tenochtitlán (una de las violentas calles del antiguo barrio de Tepito) y quien una noche ve interrumpida su cotidiana lucha por lograr sobrevivir en ese barrio bravo por un sorprendente suceso del que es testigo en Templo Mayor: ¡la aparición de una enigmática y sobrenatural chica que en un rayo desciende del cielo!

El regreso de Quetzalcóatl es una novela de superación colectiva que, en medio de la locura desatada por el acontecimiento quizá más temido y más esperado por todo mexicano, narra un amor apocalíptico y profetiza hechos que, reflejados en la posverdad, podrían ocurrir realmente en un futuro no muy lejano.

Además, el lector puede participar activamente en la novela buscando los lugares secretos en la Ciudad de México que ocultan las reliquias del gran dios Quetzalcóatl. Si su espíritu aventurero y su sagacidad para resolver enigmas le permiten encontrar dichos sitios, le serán entregados en una ceremonia especial. Las claves están en el libro.

El regreso de Quetzalcóatl, crónicas y relatos del gran e increíble retorno de la serpiente emplumada se presenta este sábado 29 de febrero a las 19:00 horas en la Galería de Rectores en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.

Con autorización de la editorial resistencia presentamos un fragmento del libro.

Episodio 3
Itzcóatl

Apenas abrió por unos segundos esos ojazos verdes, como de serpiente, preciosos, y los volvió a cerrar. Se quedó dormida de nuevo. Estuve varios días esperando a que despertara, no me despegaba de ahí. Casi ni se movía, respiraba muy lento, profundo… De repente roncaba un poquito, apenas como el ronroneo de un gatito. En todos esos días yo nomás salía del cuarto para ir a comer de fiado en los tacos de Doña Pelos; ya andaba bien erizo. Estaba por salir a buscar tantita motita cuando detrás de mí escuché un bostezo. ¡La chava despertó!

Sentada en la cama con sus ojos de serpiente bien abiertos, estaba mirándome fijamente.

—Güera, por fin despertaste.

Ella me miraba toda sacada de onda.

—Tranquila —le dije—. Casi te agarra un rayo, pero la libraste. Yo te traje a mi humilde cantón para que te alivianaras y, pos si gustas, te acompaño de regreso a tu casa, seguro que tus papás ya han de haber activado la Alerta Amber, llevas varios días aquí dormidita.

Miraba mi cuartucho toda extrañada, seguramente no imaginó despertar en semejante cuchitril, puso cara de fuchi y comenzó a hablar en un idioma que no entendía pero después de unas cuantas frases me di cuenta de que era ¡¿náhuatl?!

—Espérate, mija, yo no hablo esa lengua.

Saqué mi celular y en Google busqué frases de saludo en inglés, francés, alemán y hasta en chino. Nada. Ella estaba necia en hablar en náhuatl.

—Chale, creo que ya capté lo que pasa contigo. Eres una de esas fanáticas de los aztecas que vino a conocer nuestra cultura. Seguro por eso andabas metida en las ruinas a deshoras, ustedes los turistas están muy pinches locos. El rayo te ha de haber movido la tatema muy cabrón y hasta el español, inglés, francés o lo que sea que hables, se te olvidó. Lo raro es que sepas hablar náhuatl…

Ella se quedó escuchándome con cara de juat.

—Bueno, amiga, pero dime cómo te llamas, yo me llamo Itzcóatl, mucho gusto.

Cuando escuchó mi nombre, me miró fijamente levantando las cejas.

—Itzcóal —repitió.

—Sí, mija, ese es mi nombre, no lo gastes. ¿Y el tuyo cuál es?

Claramente no entendía lo que yo le decía, así que señalándome a mí mismo y luego a ella, le repetí:

—Yo-soy-Itz-cóatl…. ¿Y tú?

Ella lo pensó por unos segundos y dijo:

—Ce Ácatl Topiltzin…

Lo dijo apenas en un susurro e inmediatamente su rostro cambió: se puso triste.

—Ah, caray —le dije yo—, ese nombre sí está raro, ¿pues de dónde son tus papás? “Ce… Áca…” Mmmmm. ¿Te puedo decir sólo Ce?

Sus ojitos verdes se le llenaron de lágrimas. Estaba por soltarse a chillar muy cabrón.

—Hey, tranquila, Ce, ¡no llores!, no te me achicopales. Ya sé lo que voy a hacer! Acá a la vuelta, en la vecindad de atrás, vive mi cuate el José Guadalupe; es un morrito, tiene como once años, se vino con sus papás de Cuetzalan para buscar chamba aquí en la capirucha y habla chingón el náhuatl y el español. Deja lo traigo para que nos tire paro y traduzca, no te muevas, aguántame tantito.

 

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