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Dom, Feb

Cabañas menstruales: La práctica de encerrar a las mujeres durante su periodo hasta la muerte

Foto: Cortesía

Cultura

El confinamiento no es nuevo para las mujeres de Nepal: la creencia de que durante su periodo menstrual son impuras y están malditas es parte de una tradición misógina.

En un cobertizo de piedra y barro, las mujeres de una tribu de Nepal deben de confinarse una vez al mes en cabañas menstruales. En completa soledad, han de asearse con agua fría y estiércol para purificar su cuerpo de las inmundicias que, desde el punto de vista de los pobladores, expulsa durante su periodo.

En el pueblo de Tekuloddi, habitado por la tribu Konda Reddy, la gente tiene la firme convicción de que la menstruación atrae el mal. Por esta razón, las mujeres deben de encerrarse en cuartos minúsculos durante largos días del mes, con el piso de piedra y acceso limitado a comida y agua.

Una costumbre ancestral

Esta práctica común entre los pobladores de Tekuloddi no es extraña para los pueblos aledaños. De hecho, en Asia es una costumbre ancestral, compartida en algunas regiones de la India y en toda la extensión de Nepal. Sin embargo, la noticia de que una niña murió asfixiada a raíz de este encierro obligatorio conmocionó a la comunidad internacional como un crimen de violencia de género.

A pesar de que las autoridades locales investigaron el caso a fondo, ésta no es la primera vez que una mujer muere en total aislamiento. El chhaupadi, como se le conoce popularmente, considera que las mujeres son impuras en la duración de su periodo menstrual y justo después de haber dado a luz. Esta es justificación suficiente para despojarlas de la compañía de los demás, y confinarlas en completo silencio.

“Intocable hasta que termina su periodo”

Desde 2005, el chhaupadi es ilegal en Nepal. Sin embargo, las tradiciones echan raíces milenarias en el imaginario colectivo de las personas. Les dan un sentido de identidad común. Por esta razón, esta costumbre misógina sigue funcionando en los pueblos más recónditos del país, particularmente en la franja oeste. Una anciana local, Kadala Kannamma, describe la costumbre para The Hindu como sigue:

able, ya que invita al mal “.

A pesar de que las cabañas menstruales ya no están permitidas en territorio nepalí, los pobladores de diversas tribus originarias acatan las medidas extremas para las mujeres al día de hoy.  La superstición de que “cosas malas” pueden pasar a las familias si no se acata la tradición es más poderosa que la pérdida de la vida de las mujeres locales, que siguen muriendo por asfixia.

Exiliadas en sus propios hogares, en cuartos de menos de 4 metros cuadrados, todas aquellas que tengan su periodo menstrual han permanecer confinadas hasta que el sangrado natural termine. Así, el machismo y la misoginia se perpetúan entre las pobladoras originarias quienes, muchas veces, no soportan las condiciones de encierro.

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