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Sáb, Jun

Caballero Bonald y la pasión por el río grande del cante y el baile flamenco

Por: Cortesía

Cultura

En los años 60, el escritor realizó un viaje iniciático por toda Andalucia detrás de las voces olvidadas por las discográficas

En la exploración del flamenco, José Manuel Caballero Bonald descubrió algo más que la mecha de una pasión. En el cante, en el baile, en la guitarra, aprendió aquello que a veces la vida no enseña, pero existe, pero está, pero suena, y hasta duele. Realizó en los años 60 un viaje por Andalucía que tuvo mucho de revelación y antropología. Fue en busca de aquellas cantaoras y cantaores que estaban fuera de las discográficas y conservaban las viejas esencias del flamenco. Mujeres y hombres insólitos que repartían su arte en los patios, en los cuartos de cabales, en modestos tabancos, pero de quienes no había registro. Aquel trabajo de intención antológica lo publicó la discográfica Vergara en 1968.

Y fue Caballero Bonald quien grabó uno a uno a los artistas inéditos con un gramófono para mantener toda la pureza de aquellos cantes que clasificó. Juan Talega, Tía Anica, La Piriñaca, El Negro del Puerto, Manolito de María, Luis Torres Joselero... «El carácter de nuestro Archivo», escribió, «no podía soslayar ese fundamental capítulo de la localización de los intérpretes no profesionales, anónimos en muchos casos o sólo conocidos en algún limitado sector de sus respectivos lugares de nacimiento».

Aquel trabajo se convirtió en una de las catedrales sonoras del flamenco. Pero en la obra de Caballero Bonald hubo otra aventura esencial para conocer los mejores cantes de timbre viejo: 'Luces y sombras del flamenco' (1975), un texto fundamental -que completa ensayos de otros poetas como Ricardo Molina, Fernando Quiñones y Félix Grande- que apareció publicado con fotografías de Colita. En el libro se recorría el legado de artistas imprescindibles: La Perrata, La Fernanda y la Bernarda, Juan Talega, El Borrico, El Chozas, Donday, Carmen Amaya...

«El cante flamenco, tal y como hoy lo conocemos, apenas cuenta con dos siglos escasos de vida. Su historia, aunque intensa y accidentada, es relativamente breve. Pero confusa. Lo único que podemos permitirnos es intentar deducir del actual abigarrado mundo del flamenco algunas aproximaciones relativas a su impreciso nacimiento y a su paulatino y cambiante desarrollo».

En su escritura -poética y narrativa-, José Manuel Caballero Bonald quiso que se filtraran esos otros mundos que vienen de un fondo muy atávico pero, a la vez, de una sofisticación espiritual y vital insólita. En esa vieja ceremonia del cante y del baile prendió también el caudal de su poesía, de su vitalísima insurrección.

EL CULTURAL.

 

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