Basura electrónica: la invasión del e-waste

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Cultura

Empecemos con dos preguntas: ¿dónde compraste tu teléfono celular?, y ¿dónde crees que terminará cuando dejes de usarlo? Seguramente la respuesta de la primera sea muy cerca del lugar en donde vives o los sitios que frecuentas, pero aunque no tengas una contestación certera para la segunda, ésta podría ser a miles de kilómetros de distancia, tal vez en Ghana, China, India, Pakistán o Tailandia. La basura electrónica provoca un gran daño ambiental para todo en el planeta.

Piensa en cuántos aparatos electrónicos has usado y desechado a lo largo de tu vida. Tu vieja computadora o tu primer teléfono celular, así como el microondas que dejó de servir en el hogar, podrían ser sólo algunos de los dispositivos que hoy día se encuentran en vertederos que contaminan el medio ambiente y causan daños a la salud. O bien, si su destino no fue tan ‘trágico’, probablemente hayan pasado por un proceso de reciclaje para extraer de ellos algunos materiales como oro, plata, cobre y paladio.

Cuando este tipo de dispositivos son desechados se les conoce como basura electrónica o e-waste, asimismo, en 2016 se generaron en todo el mundo 44.7 millones de toneladas métricas de ella. Si tratáramos de comparar este volumen de desechos, equivaldría a 4,500 veces la Torre Eiffel en París, Francia. Esa enorme cantidad es tan sólo la que se produce en un año, imagina en cinco, 10 o más…

Problema en chino

Asia es la región que más basura electrónica arroja; en 2016 se calcularon alrededor de 18.2 millones de toneladas, según el informe Monitor Global de la basura electrónica 2017, publicado por la Organización de las Naciones Unidas. En esta zona el problema viene desde hace varios años; ya en 2013 esta misma organización alertaba sobre la grave situación que se convertiría en el mayor destino de desechos electrónicos: China. Este territorio asiático no sólo es uno de los principales productores y consumidores de ese tipo de dispositivos, también se transformó en el punto favorito para tirarlos. Hasta 2013, China procesaba el 70% de la basura electrónica generada en el mundo y en tan sólo los últimos cinco años registró por este concepto un aumento del tráfico que alcanzó el 107%.

Aunque desde el año 2000 existía una prohibición para las importaciones de este tipo de residuos, ciertas ‘lagunas’ jurídicas relacionadas con los intercambios transfronterizos provenientes principalmente de América del Norte, Europa y Japón, provocaron que, si bien los desechos no lograran ingresar a la China continental, las importaciones autorizadas a los puertos de Hong Kong hacían que se trasladaran a otros países y, posteriormente, terminaran entrando a territorio chino por vías legales.

Fue así como el gigante asiático se convirtió en el mayor vertedero de estos productos a nivel global. Sin embargo, debido a los altos niveles de contaminación atmosférica, así como en sus suelos y mantos acuíferos que ha presentado en la última década, este año decidió cerrar sus fronteras al e-waste ajeno.

Nigeria es otro de los sitios preferidos para este tipo de basura. Tan sólo entre 2015 y 2016 se enviaron arriba de 66,000 toneladas. Los monitores de televisores representan más de un tercio del total; le siguen las fotocopiadoras y refrigeradores. Esta cifra equivale a aproximadamente una cuarta parte de la basura electrónica ilegal; se considera que el 77% proviene de la Unión Europea, mientras que Estados Unidos envió el 7%.

La razón para que estos países y otros, como Ghana y Pakistán, permitan la entrada de tales restos es que el reciclaje clandestino resulta ser una forma de obtener ingresos para las personas de escasos recursos. El resultado, al mismo tiempo, representa un grave problema de salud y de daño al medio ambiente, pues, aunque se obtienen algunos beneficios económicos, en realidad no se reciclan adecuadamente materiales como el vidrio o el plástico, y al quemarlos producen compuestos químicos altamente tóxicos que contribuyen al calentamiento global.

De lo malo, lo bueno

Esta problemática podría no ser del todo negativa. Un estudio publicado este año en la revista Environmental Science and Technology por científicos de la Universidad de Tsinghua, China, sugiere que es más barato recuperar oro, cobre y otros metales de los desechos electrónicos, que obtenerlos de las minas, ya que esta basura contiene grandes cantidades de metal. Por ejemplo, un televisor de tubo de rayos catódicos (CRT, por sus siglas en inglés) tiene casi medio kilo de cobre y más de 250 gramos de aluminio.

En el estudio, dirigido por el doctor Xianlai Zeng, se usaron datos sobre el costo de la extracción de metales de la basura electrónica de ocho empresas de reciclaje en China. Este proceso es conocido como ‘minería urbana’ e incluye desde la recolección y mano de obra, hasta la energía, materiales y transporte. Al hacer cálculos, los investigadores dedujeron que los gastos se pueden compensar mediante subsidios del gobierno, así como por los ingresos de la venta de los metales que se obtienen, lo que da como resultado que sea 13 veces más costoso obtenerlos por minería tradicional.

Estas perspectivas económicas podrían ayudar a que la minería urbana tenga cada vez un mayor auge y acarree consigo no sólo beneficios ecológicos, sino también económicos. Aunque, claro, para lograrlo y no provocar daños a la salud ni al ambiente tiene que ser regulada. Por ejemplo, entre los indios, las tarjetas electrónicas se queman de forma clandestina en estufas de gas, con lo cual logran obtener un 20% de los metales valiosos, sin embargo, esto provoca uno de los gases más tóxicos para el ser humano: el arsénico, además de la emisión de otros como plomo, cromo y mercurio.

Basura electrónica de todos lados

Por su parte, en Latinoamérica son dos las naciones que lideran la lista de generadores de residuos electrónicos: México y Brasil. Cada habitante de la región produce 11.6 kilos de esos desechos, y de ellos sólo se recicla el 17%. De acuerdo con datos del Banco Mundial, de los 21 países de América Latina únicamente siete tienen marcos regulatorios para eliminar y tratar la basura electrónica de manera correcta. De los siete, Costa Rica, México y Brasil cuentan con compañías de reciclaje en el estándar internacional R2, el cual busca dar más seguridad para el medio ambiente y la salud de los trabajadores.

Una de las empresas que realiza esta labor en México es Recicla Electrónicos México (REMSA), la cual, desde que fue creada en 2009, da informes a la población sobre los daños que provocan los e-waste y organiza eventos de recolección para guiar los residuos por el camino correcto del reciclaje.

“En México sólo el 5% del total de la basura electrónica se recupera, además de que no existen suficientes rellenos sanitarios para evitar que los componentes peligrosos que contienen tales productos dañen el medio ambiente”, asegura la empresa.

Según datos de REMSA, en 2015 se generaron en el territorio nacional 941,700 toneladas de residuos electrónicos, de ellos el 45% está almacenado en los hogares, oficinas y bodegas. En tanto, apenas el 5% es reciclado. El otro 50% se halla en basureros municipales y tiraderos clandestinos repartidos por todo el país.

Por su parte, en Brasil se generaron durante 2016, un total de 1.5 millones de toneladas de basura electrónica. De acuerdo con datos del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ahí se tiran anualmente alrededor de 97,000 toneladas métricas de computadoras, 2.2 mil toneladas de celulares y 17.2 mil toneladas de impresoras.

En esta nación sudamericana uno de los encargados de vigilar los desechos electrónicos es el Instituto Nacional de Telecomunicaciones (Inatel), el cual, desde 2008, cuenta con un proyecto para reciclar el lixo eletrônico (nombre que en portugués recibe la basura electrónica), desde equipo informático (monitores, microprocesadores, accesorios), hasta electrodomésticos, aparatos de aire acondicionado, celulares y baterías; lo único que no recolectan son lámparas fluorescentes.

Basura aquí, basura allá

El gran problema con este tipo de residuos es que no todos los países disponen de estadísticas oficiales sobre su destino, de ahí que terminen de manera clandestina en vertederos al otro lado del mundo. Según la ONU, sólo 41 naciones cuentan con información de este tipo, mientras que en otras 16, las cantidades sobre basura electrónica se calculan por investigación y estimación; en tanto, parte de esta incertidumbre se debe a que en los lugares donde no hay legislaciones respecto al e- waste, se le da el mismo trato que al resto de la basura, y por ello no se procesa adecuadamente, situación que incrementa su impacto ambiental y en la salud humana.

Esta preocupación ha logrado que cada vez más naciones adopten algún tipo de legislación en materia de residuos electrónicos. De acuerdo con datos de la ONU, el 66% de la población mundial está amparada por leyes que regulan la gestión de la basura electrónica. En Asia, por ejemplo, las regiones más pobladas han implementado reglamentaciones, no obstante, por el contrario, en África son muy pocos los países que han promulgado políticas sobre el tema.

Reciclar la basura electrónica

Para combatir el asunto de la basura electrónica no bastan reglamentaciones, sino también empresas que se encarguen de ellos y, sobre todo, que cada ciudadano dé el primer paso, es decir: informarse y desechar de forma correcta sus dispositivos electrónicos cuando éstos dejen de servir.

Por ejemplo, si una computadora se recicla, se puede volver a usar hasta el 90% de sus partes, mientras que cada kilo de equipos electrónicos equivale a uno de combustible no utilizado.

Sin embargo, otro de los problemas que nuestro modo de consumo ha ocasionado, el cual se contrapone directamente con los ideales del reciclaje, es que actualmente sale más barato tirar que procesar para reutilizar. Hoy es muy fácil adquirir un nuevo aparato electrónico, debido a que su costo ha bajado conforme la tecnología avanza, y por otra parte, porque su tiempo de vida ha disminuido sustancialmente.

“Vivimos en un momento de transición hacia un mundo más digital, donde la automatización, los sensores y la inteligencia artificial están transformando todas las industrias, nuestras vidas cotidianas y nuestras sociedades. Los desechos electrónicos son el subproducto más emblemático de esta transición y todo señala que continuará creciendo a un ritmo sin precedentes”, asegura Antonis Mavropoulos, presidente de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA, por sus siglas en inglés).

Muy Interesante.

 

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