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Vie, Jun

Por: Cortesía

Autores latinoamericanos y españoles convierten Madrid en la nueva Barcelona del Boom

Un nuevo Encuentro de Letras Iberoamericanas retoma la conexión entre escritores a ambos lados del Atlántico y reúne a varias generaciones de autores, quienes pasan revista al 'Estado de la Cuestión' literaria.

Son doce, como los apóstoles. Posan ante la cámara con gesto solemne: Fernando Iwasaki, Rodrigo Fresán, Ignacio Padilla, Santiago Gamboa, Jorge Franco, Iván Thays, Roberto Bolaño, Edmundo Paz Soldán, Gonzalo Garcés, Jorge Volpi y Cristina Rivera Garza. Todos tienen en común haber nacido en la América Latina de los sesenta. Todos escriben. Muchos aún no son conocidos, pero lo serán. El retrato en blanco y negro fue hecho en la Fundación Lara durante el Encuentro de Autores Latinoamericanos promovido por Seix Barral en el año 2003. De eso hace ya veinte años. Queda la foto de familia congelada en el tiempo como un vaticinio.

Dos décadas después de aquella fotografía, en Madrid, cerca de 40 escritores y escritoras procedentes de América Latina y España se han reunido en el I Encuentro de las Letras Iberoamericanas, la primera actividad con la que el escritor Jorge Volpi pone en marcha el Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España, del que él es responsable.

La convocatoria ya no recae, a diferencia de aquella reunión propiciada por Seix Barral, en una editorial sino en la Universidad Autónoma de México y la Cátedra Carlos Fuentes.

Esta primavera, Madrid ha acogido varios encuentros de este tipo. Los autores iberoamericanos buscan su sitio para repensar lo literario y propiciar el encuentro con España. Desde el Festival Centroamérica cuenta, organizado por Sergio Ramírez, que relata la visibilidad de las nuevas generaciones literarias marcadas por la migración, el exilio, la impunidad o la eclosión de lo femenino hasta este congreso impulsado por la Universidad Autónoma de México donde muchos de estos temas reaparecen. La capital española funge el papel de aquella Barcelona del Boom que acogió a García Márquez y Vargas Llosa bajo la égida de Carlos Barral o Carmen Ballcels. Las cosas han cambiado y sin embargo una permanece igual: la necesidad de reconocerse.

Aunque ahora son más en número y visibilidad, los escritores latinoamericanos aún se sienten lejos de España y, como en aquel encuentro de Sevilla, se reúnen con el mismo ímpetu de los años noventa. «Este encuentro recupera el espíritu de aquel congreso que convocó la editorial Lengua de Trapo en Casa de América, en 1999, y del que salió la antología ‘Líneas aéreas’. También de aquel otro, en Sevilla, en 2003 en el que se conocieron Roberto Bolaño y Cabrera Infante. Entonces Bolaño había ganado el Rómulo Gallegos con ‘Los detectives salvajes’, pero apenas y se reseñaban sus libros en la prensa española», explica Jorge Volpi, quien en esos años había ganado el Biblioteca Breve con el libro ‘En busca de Klingsor’.

«Las cosas han cambiado muchísimo desde entonces. En la antología de cuentos de McOndo que organizó Fuguet o en ‘Líneas aéreas’ no había autoras. Hoy hay una hegemonía de escritoras. Las hay muy buenas, de distintas generaciones: las nacidas en los sesenta, los setenta y finales de los ochenta. Entonces no eran visibles». Fernando Iwasaki señala una realidad que por obvia cobra vida en todas y cada una de las mesas que ha organizado junto con Jorge Volpi y Alexandra Saavedra Galindo, responsable de la Cátedra Carlos Fuentes. El mundo ha cambiado, por supuesto, sin embargo, la relación entre España y los escritores iberoamericanos sigue teniendo un mar de por medio. Toca acercarse y hacerse visible. Y eso queda claro en este I Encuentro de las Letras Iberoamericanas 2022.

El doble de escritoras

Las conferencias que se llevan a cabo hasta el 15 de junio en la Fundación Casa de México, en Madrid, pasan revista a lo que Volpi e Iwasaki definieron como «Estado de la cuestión»: un repaso de la narrativa, el ensayo y la dramaturgia que se escribe en América Latina y vasos comunicantes con España. En esas mesas han participado autores como Santiago Gamboa, Juan Villoro, Cristina Rivera Garza, Gioconda Belli, Jordi Soler, Héctor Abad Facciolince o Rosa Montero hasta representantes más jóvenes como Selva Almada o María Fernanda Ampuero, que introdujo un revulsivo generacional en los debates. «Mi literatura trabaja la violencia de la sociedad donde crecí, Ecuador: la violencia familiar, racial y lingüística. La violencia cultural contra la mujer y los indígenas», defendió Ampuero en la mesa sobre Memoria y literatura, en el que se debatieron las distintas perspectivas del peso que tiene el conflicto en la producción literaria latinoamericana.

«Hay una diferencia clara entre la literatura que se hace en España y la de América Latina», puntualiza la escritora mexicana Rosa Beltrán, responsable de la programación cultural de la UNAM, una de las instituciones nodriza de este encuentro. «En América Latina escribimos sobre lo que nos apremia y en España aún tiene una relación más retrospectiva, histórica, de sus temas», describe al momento de rehacer un mapa de conjunto iberoamericano. El debate sobre el estado de la cuestión literaria en Iberoamérica apunta en esa dirección: la violencia, la corrupción y la impunidad siguen tan presentes hoy como lo han estado en los últimos veinte años en las obras literarias más significativas, con la diferencia de que ahora incluye otros enfoques: una presencia de la mujer más visible, la reflexión sobre otras formas de violencia y una relación más flexible con la tradición. A diferencia de la generación del Crack o los escritores de los noventa, el Boom no supone una losa.

«España, aquí estamos»

Cuando Santiago Gamboa llegó a Europa, publicar en España era prácticamente una epopeya y explicar su literatura pasaba por explicar que él no escribía como García Márquez o Borges, sino como sí mismo. «Cuando me siento a escribir no me pongo una camiseta de Colombia», ironiza el autor de ‘El síndrome de Ulises’ en una conversación con el peruano Fernando Iwasaki, para quien sigue siendo central el papel de las editoriales en el proceso de conformación de una comunidad lectora y literaria. “A quien yo le debo mi relación con la literatura es a las editoriales, a los libros de bolsillo de Alianza, al Fondo de Cultura Económica, a Zig-Zag en Chile. Ellas, ¡y las fotos de Mordinzki han unido a autores de América Latina y España”, explica entre risas Iwasaki.

Este Encuentro de Letras Iberoamericanas tiene espíritu de vocación y permanencia, así lo ratifica su responsable Jorge Volpi y lo formula como un deseo la editora Pilar Reyes, directora literaria de Alfaguara y Lumen, dos de los sellos históricos y fundamentales para compartir un mapa literario de ida y vuelta en América Latina. "Queremos que este encuentro continúe y lo apoyaremos para que así sea", afirma Reyes. Veinte años después de aquella foto sevillana, han cambiado las cosas. Roberto Bolaño, Ignacio Padilla, Luis Sepúlveda han muerto. Una pandemia ha sacudido el mundo. La hiper-conexión, Internet y las redes lo han cambiado todo, aunque otros asuntos permanecen intactos: la violencia en América Latina y una relación aún remota con España, a pesar de los más de 600 millones de hablantes que comparten ambos territorios. "América Latina no es una categoría anacrónica y debemos tenerlo presente y preguntarnos por eso", aseguró el escritor venezolano Rodrigo Blanco García en la mesa 'Recordar América Latina', organizada por ABC Cultural en la Feria del Libro de Madrid. "Lo que era la Barcelona o París del Boom, lo es ahora Madrid. Se ha convertido en el gran lugar de encuentro".

ABC.

 

 

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