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Jue, Abr

Así fue 1582, el año al que la iglesia católica le robó 11 días para imponer un nuevo calendario

Foto: Cortesía

Cultura

Poco más de una semana fue completamente removida de un nuevo calendario que la Iglesia impuso en 1582, como si nunca hubiera existido.

La Iglesia Católica ya no tenía buena reputación en el siglo XVI. Tras años de terrorismo religioso por medio de la Inquisición, la institución había perdido legitimidad en diversos países del mundo, en los que antes tenían supremacía. Para entonces, la imposición de un nuevo calendario no resultó escandaloso para nada.

10 días de atraso

Desde el año 46 a.C., en Occidente se usaba comúnmente el calendario que instauró Julio César. Esta manera de entender el tiempo se conoció como calendario juliano, en honor al dirigente romano. En este sistema, los años terrestres duraban 365 días y seis horas, divididos en 12 meses. Además, ya consideraba los años bisiestos cada cuatro ciclos en torno al Sol.

De acuerdo con la Enciclopedia Británica, este esquema duraba 11 minutos y 14 segundos más que la traslación total de la Tierra. Cada 130 años, la humanidad se atrasaba. Al llegar al siglo XVI, este desfase había cobrado una factura de 10 días completos, que descompensaba las estaciones con las fiestas religiosas.

Para Semana Santa, las Pascuas y demás fechas importantes estaban completamente alejadas del calendario lunar, y llegaban cada vez más temprano en el año. Para remediar la situación, la Iglesia Católica decidió intervenir, bajo la tutela del papa Gregorio XIII.  

Un cambio de tiempo

Para 1572, Gregorio XIII tomaría el liderazgo de la Basílica de San Pedro. Entre sus resoluciones, se encontraba sin duda arreglar este problema astronómico, que afectaba directamente la manera en la que los feligreses católicos seguían la calendarización de sus fiestas religiosas.

Este cambio de tiempo estuvo a cargo del jesuita alemán Christopher Clavius, quien diseñó el nuevo calendario que regiría a Occidente. Este nuevo sistema modificó el parámetro de los años bisiestos, con lo que el error de duración astronómica se redujo a un minuto por año.

Los días que no existen

Esto querría decir que el atraso se daría 1 día por cada 3 mil 300 años. Con la bula papal Inter gravissimas, que Gregorio XIII firmó, se organizó el año a partir del equinoccio de primavera, cuando se celebraría la Pascua católica.

Sin embargo, para que el cambio fuera efectivo para la posteridad, se debía hacer un ajuste más. Para lo cual, el edicto ordenaba que ese mismo año, el calendario pasara del jueves 4 de octubre al viernes 15 de octubre. Así, los diez días entre estas fechas nunca existieron. 

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