Luis Gonzaga Urbina, gran representante de la literatura mexicana

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Published on febrero 07, 2014 with No Comments

Luis Gonzaga Urbina2Notimex.- A 150 años del aniversario de su natalicio, que se cumple mañana, Luis Gonzaga Urbina es evocado como uno de los escritores más representativos de la literatura mexicana del primer tercio del siglo XX.

Reconocido como el último romántico, el escritor mexicano destacó por la hondura y calidad de su producción poética, así como por su variada obra periodística, aseguran los estudiosos de su obra.

José Juan de Mata Luís de la Concepción, nombre de pila de Luis Gonzaga Urbina, nació el 8 de febrero de 1864 en la Ciudad de México, de acuerdo con un artículo del escritor Antonio Castro Leal (1896-1981), publicado en el portal electrónico “colegionacional.org.mx”.

Durante su época de colegial en la Escuela Nacional Preparatoria escribió sus primeros versos, los cuales envió a diversas revistas y periódicos literarios.

Motivado por el éxito de su pluma, Urbina decidió incursionar en el campo periodístico, como redactor de “El Lunes”, un humilde periódico que dirigía Juan de Dios Peza (1852-1910).

Posteriormente, colaboró con publicaciones famosas de la época, entre ellas “El Renacimiento”, “El Siglo XIX”, “El Imparcial” “El Universal”, de Rafael Reyes Spíndola (1860-1922), y “El Mundo Ilustrado”, del que fue director.

Asimismo, publicó brillantes crónicas de la realidad cotidiana de México e implacables críticas teatrales en la “Revista Azul”, reseñan sus biógrafos en el sitio web “biografiasyvidas.com”.

A los 26 años escribió su primer libro de poemas, “Versos” (1890), y en el prólogo, Justo Sierra (1848-1912) lo calificó como “el más artista de los poetas jóvenes”.

Su poesía, detalló Sierra, “es un instrumento fino y delicado, más propio para traducir melodías íntimas y suaves, que esas vastas y fascinadoras sonoridades de la expresión y el sentimiento, y emana, además, un fluido simpático tan penetrante, tan dulce”.

El título de poeta fue creciendo con el tiempo y quedó consagrado con la publicación de “Puestas de sol” en 1910.

Su trayectoria también se vinculó a la administración y el servicio público mexicano. Justo Sierra lo nombró su secretario en 1905, mientras ocupaba el cargo de ministro de Instrucción Pública.

Fue catedrático de lengua española en la Escuela Nacional Preparatoria, director de la Biblioteca Nacional de México y secretario del Museo Nacional de Arqueología, Etnografía e Historia.

En 1915, a raíz de los acontecimientos revolucionarios, se exilió primero en Cuba y luego, un año después, en Madrid, España, donde residió definitivamente.

En su primer año en la capital española trabajó como corresponsal de “El Heraldo”, de La Habana, y tiempo después se desempeñó como docente y literato, además fue el primer Secretario de la Embajada mexicana, de 1918 a 1920.

A lo largo de su vida realizó algunos viajes relacionados con su actividad profesional, pasó un tiempo en Argentina, Italia y México, pero abandonó su país natal tras la muerte del político Venustiano Carranza (1859-1920).

Su obra en prosa integró crónicas periodísticas, críticas teatrales y ensayos centrados en el análisis de la literatura mexicana.

De sus crónicas destacan las compilaciones publicadas con los títulos: “Cuentos vividos y crónicas soñadas” (1915), “Bajo el sol y frente al mar” (1916), “Estampas de viaje” (1919), “Psiquis enferma” (1922), “Hombres y libros” (1923) y “Luces de España” (1924).

Como investigador literario destacó por los ensayos “Antología del Centenario” (1910) y “La vida literaria de México y la literatura Mexicana durante la Independencia” (1917).

Entre sus obras poéticas figuran “Lámparas en agonía” (1914), “El glosario de la vida vulgar” (1916), “Los últimos pájaros” (1924), “Corazón juglar” y “Cancionero de la noche serena”.

Luis G. Urbina, quien falleció el 18 de noviembre de 1934, dejó una obra de gran armonía y plenitud, en la que sobresalen algunos momentos descriptivos de acusada sensibilidad.

En alguna ocasión, Antonio Castro Leal dijo que Urbina “es uno de los hombres más buenos y uno de los corazones más nobles de los que puede enorgullecerse la vida literaria de México”.

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